martes, 25 de agosto de 2009

La palabra canta

La palabra canta
la palabra no canta,
gime, a veces transita
hélice de ADN incompleto,
parábolas barrocas que no dirigen su cara al Sol
al hombre, lo hacen al hombre.

Ellos dicen que canta,
viaja y se instala en la regadera
en el reclinable con olor a humedad unilateral
dentro de la ventana galáctica, azul amarre,
cereal fortificado, columpio atemporal,
paleta de cereza, ego sideral.

Usted sabe que no canta.
No ahí, no a estas horas,
ora tibieza, ora madre de los perdidos y crucificados.

Canta en el tremor de una tierra lejana
el recuerdo magma adentro
la bandera que se desgañita porque no toca sus dedos
un eco de tambores que lo tienen atado a su fe.
Canta en la evolución cromática de sus ojos
verde olivo (militar infancia) al negro (presente filosofado
cantado, alegorizado, siempre dentro de su cara).
Canta en las llanuras de la torpeza de los principiantes
en los matices de sus elegías, en los tonos de su regalo segundo
el segundo que forma una tríade que lo hace a Usted;

el primero de ellos es su pureza en poesía
ese abismo que abre olas blancas,
nube que me hace creer que al final de esta versión del mundo
nada he perdido en realidad

Ya no hay disipado ser
ya no soy mi disipado estar.

El tercero, su porte galante
de contestatario al filo de las diez.

Y a lo mejor la palabra sí canta,
después de todo
o más bien, desde Usted.

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