Repto con la mirada
los gajos de la tarde
que desnudan su naranja interna;
los saboreo:
el almizcle y el azahar
son extraños compañeros
de la alcoba que es el atardecer.
Allá, muy alto
los nombres más extraordinarios
y difusos
los usan las nubes:
caléndula, etiopía,
entuerto, onirismo,
mandala, flor del sereno,
mandrágora, sombrero de prestidigitador.
Un par de pájaros
ha cagoteado en su tierna cabeza:
el hombre le despeina las miserias
y le pasa una nube de papel
en la cabellera de ella:
la belleza se viste de harapos
y los harapos mariposas también son.
Y todo esto lo veo
porque estoy parada en la azotea de la vida:
los domingos no salgo ni a la esquina
un universo más feliz
en mi cuadra pasa los días como hoy.
domingo, 29 de marzo de 2009
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