martes, 9 de febrero de 2010

Tambor, retumba otra mañana

Tambor, retumba otra mañana,
y al atardecer,
escóndete entre mis piernas
y vuélvete mano serena
para hacer brillar la noche.

Tú permites que el mundo se abra
como pariendo universos de tu boca
y mi cuerpo vibrante;

tú haces la magia
con sólo pronunciar tu existencia
en el estado otrora tibio
de mis notas.

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