jueves, 18 de septiembre de 2014

Los niños que juegan
a ser dios
bajo el sauce
o en el matorral
que ya murió
porque los parques
son ascépticos
y no duelen.

Los hombres que de pronto
llevan cuatro patas
y se arrastran, mendigos
de la insuficiencia del aire.

Hay demasiado aire acá.
No se necesita mover el cuerpo
en dirección a la horca.

Las madres que juegan
a ser felices
y toman selfies de arroz con leche
y mojan sus nalgas
en la lavadora
en lo que llega el amor

otra vez

si alguna vez vino.

La música que juega a ser rock
rompiendo las olas
de esta paz
tanto silencio que hay
una catarina durmiendo
a la espera de marzo.

Septiembre,
siempre deberías quedarte.

O tal vez no,
porque entonces, qué pasaría
con las siguientes lunas.

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