domingo, 9 de octubre de 2011

Acertijo doble


[Estaría bien saber si
acaso fue mi segundo nombre
el que ocasionó aquella perdición].

[Ver respuesta al anverso de mi corazón
que esta noche no deja de pensar
en ti].

sábado, 8 de octubre de 2011

Si me lo preguntas

Y si me lo preguntas, sí...

Pero crecí para guardar silencio.

Mejor haber sido un papagayo, una alondra, o un trueno.
El caso era que mi voz se quedara ahí al despertar lo que me más quiero
del mundo que concebiste,
luna azul, mar de oro que ancló su frente
en mi seno.

Memoria

Amo la memoria,
único lugar donde
habitas tú,
en un tiempo y un espacio perfectos.

Pieza de marfil que guardo
para admirar el recuerdo del sabor de la felicidad.

Si este silencio fuera de metal,
estoy segura que ya
habría perforado mi alma.

No me queda nada, sino recordar:

La perfección no tenía nombre
y danzaba con nuestros cuatro pies
y nuestras cuatro manos.
Bebió, feliz, el agua de nuestras fusionadas bocas...

Imaginó que el instante podría hacerse una realidad.
Pensó bien.
Aquí está, en esta casa llamada memoria.

(Pero nunca sabrás
que también existe
en mi corazón).

Polisemia umbilical

La alegría, ataviada
del dulce de los otros siglos enamorados,
irrumpe en el zagüán de la casa
abandonada por el estío.

El cordel de plata
reforzado por doscientos sonetos de amor,
por cien mil caricias, por
elegías sin verso,
florece la polisemia de las palabras
en el ombligo de un gigante.

La luz propia de las estrellas

Die Eine eingen-
sternige
Nacht.
Paul Celan


Y dolía tu canto en los almendros
donde Dios bebe su aceite
para rehacer el amor en el mundo.

Has bebido la luz propia de las estrellas.
La eternidad se pinta la cara
para bailar contigo.
Ahora, sigue orbitar en soledad.

jueves, 6 de octubre de 2011

Todas las mujeres hemos sido Helena

"All women are not Helen,
I know that,
but have Helen in their hearts...".
-William Carlos Williams.


Y yo, en la raíz del nombre
me llamo Helena,
a pesar de la miseria,
aún en tiempos de estar verde el trigal.
No sé cuándo, ni cómo,
manzana,
llegaste a mí para despertar este lamento:
inteligencia sutil
en mis brazos abiertos,
todo es nube y todo es silencio,
pues siendo lo que soy
debería callarlo todo de momento.
Hacer las paces con los aliños, olvidarme
del fallido madrigal.
A chile tostado me sabe la boca
y es dulce y es amargo
y es lo que me da la vida
cuando saco una parte de mi lengua
para entender al mundo.
Y es sabido que no siempre te entiende el tumulto
pues es un tumulto dentro de ti
lo que te orilla
a abandonarte en lo que otros
ya han probado en el vuelo de la gnosis y la poesía.

Personajes

A ciertas horas de la noche,
cuando la luz traspasa
el velo rojo que cae
cual telón ante mis ojos,
sueño las vidas de otros hombres
y sé que no estoy soñando:
un albañil en praga,
un bombero tomando mate el fuego de otros vigilando,
la bailarina exótica que lleva a sus hijos
a una escuela en los suburbios,
dos ancianos llenando el hueco
a base de palabras también huecas
(todo para no dejar que los nuevos respiren,
o quizá porque saben que el hombre
se renueva hablando de otro mundo),
el abogado ebrio con sus problemas
y su hijo navegando en las aguas de sus neuronas.

Cada cierta noche,
a cada cierta hora,
cuando el velo rojo no es más
que un simple pretexto para no desmentir
la inexistencia de la materia,
yo oigo las conversaciones de los aviones,
platico con los megahertz de un locutor ruso
y hago mutis cuando escucho
las policiales sirenas.

Todos los diálogos son posibles
Goethe, Moratín, Lope,
Molière, Beckett, William...
todos dicen algo,
algo así como ola versificada y repetitiva,
algo así como las vidas dentro de una vida.

Cada noche,
a cada cierta hora,
las vidas de otros respiran en mí
porque soy yo la que en ellos respira.

martes, 4 de octubre de 2011

Don't regret (el día más terso del mundo)

No me queda otra ropa,
me queda el destino.
Ese caballero que se rindió a tus pies
amado amante amigo,
el día que lo tocaste con la furia dulce de tus trompetas
y el excelso sabor de la libertad convertido en vino.
Este día yo viviré
para siempre
para mí
para lo que quise ser y tal vez no seré.
No me arrepiento
de haber amado cuanto paraje extraño
con mi miopía a cuestas pude ver.
Tampoco me arrepiento de la soledad
que me arrojó a este nuevo espacio,
porque supe entender
que para amante solamente estabas tú,
y a ti me entrego,
antes de mudar esta piel.


Para Arte

Corazón

Salto, salto,
los sánscritos los descubrieron.
Kurd, cordis,
núcleo amante, vida punzante,
sea siempre así tu rojo vibrante,
oh rubí de las gentes
las comunes,
las fuertes,
las extraordinarias,
las ausentes.
Brincos de la humanidad
acercándose a una melodía:
oh, que así fuera siempre la vida,
un constante salto de amor,
para entender que no hay muerte,
sino vida eterna,
mientras el corazón nos lata.

Para un amor sagrado

¿Qué sería de la piel
sin la brisa del otoño?
Este cuerpo se maravilla
a pesar de no oír tu voz
y sin embargo
entender que todo tú, amado,
estás en las raíces vivas
del universo.
[Es agarrar el corazón
desde su inicio:
tambor, tambor, dijo un genio,
brinco de todos los tiempos,
en sánscrito lo escribieron.
Es amar la savia
por su significante y no por el nombre,
es resplandecer en lo contenido,
mar de años en el olvido].
Tú y yo, amante eterno mío,
viajamos juntos este espacio.
Me llamaste y te di mi destino,
reformulaste mi nombre
y me sometí a tu lira.
Encendiste una luz
creyéndome aborto de la materia.
A ti van mis oraciones al dormir,
por ti sueño los planes que me quedan:
¿Qué sería de la piel sin la brisa del otoño,
amante mío?
¿Qué serían de mis lágrimas al sonar la melodía
o de mis pupilas dilatadas
frente al lienzo lleno de una colorida poesía?
¿Qué sería de mí si a ti
explicártelo no pudiera?
Raíces sin verbo,
amor,
tronco seco y espinas.

Al arte.

sábado, 1 de octubre de 2011

Felicidad otoño 2011

Que el presente
es esta flor naciente,
que los campos, a pesar del otoño,
bañan sus mieses con los mirlos de oro y sol.

Que estoy feliz, porque he sido valiente:
sólamente los bravos
atraviesan el umbral de la tristeza.
Los vencidos se divisan en el oriente,
mi vuelo en cambio, es hacia arriba,
donde las estrellas no mienten
y se renueva con su luz
la promesa del universal amor.