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miércoles, 17 de noviembre de 2010

Vueltas cósmicas

Hacen falta más vueltas cósmicas
para que se haga el regalo de la misericordia del tiempo;
un movimiento de supinación del universo
que sepa devolvernos
la inmensidad de la luz
el recuerdo álbeo
puro
tierno
(inocencia llamando a las ocho de la mañana
a los porvenires sacados de fotografías compuestas).

Para así volver a tener el cinismo
de preguntarle a los viejos
qué se siente morir

en vez de estar dándole largas
a la muchedumbre que se acomoda en las neuronas
a cuyo paso pesado
se marca un segundo más alrededor de los ojos
este desencantado encuentro con el mundo.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Shining.

Que brille la luz por siempre
y más ahora
en que andamos cada quien
[por su lado
esperando reflejos añiles en el espacio restante,
ahogando las imágenes invasoras de noviembre,
aumentando la fe en aquello que aún sirve
[la nostalgia, por ejemplo].

lunes, 18 de octubre de 2010

Egos papelizados

El papel cobra vida
se posesa del nombre de quien los pare
después de las siete.

Anchos, largos, pequeños y altos
de cuché o albanene,
viajan todos a aquella ciudad artificial de un mismo trazo
afilan sus lenguas fuente
para las sangrías del contrario morder ferozmente.

Es el cohecho de los egos papelizados,
sacramento que brinca de la hostia al lomo
y del lomo a la silla ergonómica que los sostiene.

Los miro,
tinta azul en mis córneas.
Proclamo en silencio y libremente:

"Bienaventurados aquellos cuyos nombres ya resaltan:
ellos no sienten más
el temor que sintió mi pluma
cuando servía de escalpelo a los sentidos
ni el vacío que hospedó a mi cuerpo
tanto tiempo
hasta desembocar en este viaje
que ha ungido a mi autonomía
como apta para nadar entre las olas bermejas
de este lugar policondominado de luces dispersas que me abraza
y le da un trozo de tierra
a mi solitario reino".

Psicotropismo

Fue el psicotropismo del arcángel ajeno de mis neuronas
tal vez el verano
el impulso felino de mis piernas,
la copiosa soledad ataviada de un anónimo nos.

Hoy, la diáfana tela acaricia
los resquicios de una cordura
más marginada que aquel ritual atávico olvidado
en el lienzo de Tanguy.

Ya puedo tentar el ridículo,
me hormiguea la soledad en medio de tantos sin apellido divino.
Restriego mi nombre contra mi sombra y aprieto mis hombros.

He sido un mal sueño.
Desperté la omisión y el miedo en el otro
queriendo morir mi lastre fecundo.

Hacer la resurrección apareada cantando apologías al desencanto
desenredar lo pintoresco de aquella urbe
en el jugo dialogado de dos olvidados recién nacidos...

Fue el psicotropismo del arcángel ajeno de mis neuronas
tal vez el verano diluido y a distancia.

Hoy, la soledad que en octubre me avanza
me ubica en la realidad de aquello que no acepto
no soñé ello
y me lo gané como el tesoro más bendito
otorgado por el Cosmos
a cambio de la infertilidad de mi tierra magenta.

Mancha polutísima

Soy la misma de antes
aquella que lanzó un zapato azul al mar
echó la ropa y no emergió al centro del caos
sino hasta pasado el invierno.

Hoy la luz me aflora en el seco estanque
al ser una entre lo anónimo por millar
hay una probabilidad consecuente a este milagro,
mancha multicolor de rostros cambiantes:

Mancha polutísima, eras tú
Virgen ígnea de los placeres del centro de esta Tierra,
creí serlo, a sabiendas de estar sola,
un minuto alargado
a merced de mis cabellos.