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martes, 19 de agosto de 2014

Ser mecida por tu canción,
oh señora de agua dulce.
Hoy te escuché correr
por mis ojos
me leíste como la palma de la lluvia.
Fuimos exactas y serenas.
Nada en el mundo nos lo impide.
Ser mecida por tu canción,
te dije.
Porque tengo a un niño que llora
porque a veces también me pongo triste.
Fui mecida y entonces el sueño.
Llegaron las fotografías de abril primero:
vale la pena alzarse al viento
y luchar por la hegemonía
de sus cuatro puntos cardinales.

jueves, 13 de marzo de 2014

Señora de Orión
él me venció con su amor.
Mi sombra ha entregado ya
la última parte de sus armas.

Señora de Orión
ahora sí navego en sus aguas
y no temo.

Señora de Orión
protege a mi vencedor
dale el triunfo apenas Horus regrese.


martes, 4 de junio de 2013

Tiza

En la luz, la tiza de luz
su cola de dragón
o su ala argenta

en la luz, en su canto mítico
metal no identificado
por los ojos del hombre

en la luz, en su inmensidad
se abre la noche como un pecho amante:

brotan los cariños del universo
llenas están mis manos múltiples
por causa de su trayecto. 

En la luz no existe la soledad. 

sábado, 7 de julio de 2012

Santa Sabina

En la tarde vino María Sabina. Sin hongos, con el agua de peces en la planta de los pies y la mirada dulcísima formando un dique entre su historia y la que nos agobia. Llegó pronunciada por la boca de dos hombres, llegó en el prolongado escalofrío purificante:

Yo soy el libresilencio
que desata los nudos que perturban.
Yo soy la disociación de la forma
el abandono al aplauso
la abertura del sexo
como el canal donde encontrará alivio.
Yo soy la piel con hormigas marchando
el viento sucio que en el pelo se esconde.
Yo soy la vida después del trance
la creencia del amor ante sí y antes de todas las cosas.
La catarsis sin hechos
la caída del sueño de fama
del personaje hombre que no eres tú.
Yo soy la mujer espada de agua
yo soy la mujer que se abre sin miedos
y da el definitivo beso.
A la que tatuaron de palabras cuando nacida
y virgen
la acompañada por la luna
para envolverse de su misterio.
Yo soy la saciedad que se dispara
bajo los juncos y las piritas
los mares tranquilos de las almas que se hablan.
Yo soy el ritual de la palabra
la observadora silente de la gestación del sonido.
Yo soy la boca que dice la magia
la mesa llena de manjares
la sombra que se hermana con la luz
para crear la vida y respetar la verdadera Ley.

Santa Sabina llegó a la aula para curarme. Dijo que lloraría esta noche. Yo nada más siento que soy una cebolla despojándose de sus capas. 

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Silogismo 30.11

Las estrellas son campanas de cristal.
Las mujeres fuimos hechas a partir de estrellas.
Ergo, nuestra voz es una campana de cristal.
Si hablo amor es porque deseo nutrir la tierra.

lunes, 25 de abril de 2011

Gloria

Tu nombre es una cauda de luz que se enreda
en mi lengua
aniquilando, voraz
el entrañable silencio
otrora incapaz
de borrarse de mi alma.

domingo, 27 de marzo de 2011

Altaír Sonora (v.2)

Nirvanas fabrica Altaír Sonora
en la tierna, oscura noche de Bengala,
cuyo silencio galáctico regala
para apaciguar a los insomnes de estas horas.

Oigan cómo se envuelven
las lágrimas de los vencidos.

Miren cómo resurgen
los soles de los perdidos.

Sientan cómo caen
los cuerpos de los enamorados abatidos:

Ya está por amanecer.

sábado, 26 de marzo de 2011

Altaír Sonora (v.1)

Altaír Sonora y tus puntas titilando
en el fulgor de tu llanto sereno.
Altaír Sonora, tus sábanas mojando
con el sudor de un infinito, galáctico verso.
Altaír Sonora, sueño incandescente
de una mujer que yace en el cósmico anverso
de todo lo que pueda llamarse mundo.
Altaír Sonora, nombre de perfume encajonado
de ámbar insistente.
Altaír Sonora, banda con mariachi integrado,
música celestial del vulgo en los labios.
Altaír Sonora, estrella y flor
con canto de maguey en las manos:

Tú no eres de esta Tierra,
tú no has venido a darnos la paz por el llanto.
Tú resplandeces igual que una luna llena.
Tú haces que olvide mi nombre en tu manto.
Engañas a todos, me engañas a mí;
te engañas, divina, con un olor de fruta en los labios.

Y dejaras de ser mujer, estrella
también te ennegreces
cuando regalas tus ojos al pasado.

Deja que otros mueran por ti.
Tus recuerdos, lo que más te brille.
Dale un sentido a la soledad de tu luz
brillando en medio de la nada azul,
en lo que regresa una oración más divina
y más fuerte
por tus besos de seda luminosa.

jueves, 24 de marzo de 2011

Casa de Luz (v)

Casa de Luz llama a mi puerta.
Me pide posada
para guarecer su luminosidad
de la jauría en revuelta.

Casa de Luz, llamas a mi puerta.
No tengo abrigo, dejaremos la mente abierta
o el alma antes de la muerte
o la muerte al centro de nuestra mesa.

Casa de Luz no quieres andar más
el camino del iniciado que va y viene.
Yo no tengo lecho, sólo libros.
En sus páginas, si te place, duerme.

Casa de Luz duerme conmigo:
ahuyento sus malos sueños,
con sus luces mi insomnio medico
para atestiguar cuando su sol despierte.

Casa de Luz sus ventanales
en mis pobres ventanas despliega
y no me habla de mi futuro
ni me cuestiona lo que pienso de la suerte.

lunes, 7 de marzo de 2011

Casa de Luz (iv)

Casa de luz,
espejo cóncavo brillante nombrado cielo,
resuelta está la noche
y revuelto el sueño mío.

Quiero dejar de soñar
aquella casa sitiada
al otro lado del firmamento.

Traigo de la inocencia extravío
y la memoria hace estragos conmigo en este momento.

Duermo, duermo, duermo.
El ahora bajo tu techo
borra el cómo y los nuncas.

Duermo, duermo, duermo.
El insomnio ya es un vagabundo
en otra parte de este inmenso lugar
que es un jardín de estrellas perdidas para ti.

Duermo, duermo, duermo,
tú cantas y yo puedo dejar
que rebroten las flores de los juegos que de niña perdí.

Casa de luz,
madre añorada,
dime que no te vas
en esta madrugada…

Casa de Luz (iii)

Y si no te sirve nada
entonces por qué existo.

Y si me he quedado con nada
entonces cómo es que respiro.

Y si te ofrendara mi nada
en su transparencia te pudiera ver.

Y si no soy nada,
a la nada me niego a retroceder.

Casa de luz,
ahógame este abismo.

Casa de luz,
convídame tu fuego,
que duermo en el humano frío.

Casa de luz,
llámame y me volveré de nuevo un buen sonido.

Casa de luz,
ilumíname en medio del anochecer.

Casa de Luz (ii)

Ayer, transitando por el plomo de la tarde,
busqué la manera de escuchar
tu canción de plata sobre mi espalda.

Abrí la habitación del pensamiento,
en una idea repetida me senté.

Necesitaba reconstruir
el instrumento cósmico capaz de reproducirla

-al fin entendí.

...No hay más material divino
en la faz de la casa de la humanidad.

Me fui al rincón de los rituales.
Encontré a ojos aoristos
en la ubicua costumbre de ofrendarse.

Y te di, ajena de mí, el silencio de lo que me aturde.
Lo creía muy pesado y grande.
Al entrar a tu oído se volvió terrestre, pequeño e imperceptible
junto a las sinfonías mudas que danzan
las palabras creadas por ti,
todas de dimensiones justas y perfectas.

Casa de luz,
cántico lugar de voces argénteas,
quise darte otra cosa.

Me despojé de mis cantos,
tan inmensos como la soledad
de un día sin vecinos buenos.
Todos ellos fueron tuyos a mi instante.
Yo los pegué en tu piel de marfil etéreo;
con lágrimas y risas fijé sus notas
de un arte menor.

Pero al sentir tus muros con mis dedos,
supe que aquéllos en ti ya existían:
se crearon desde la nada que dio origen a la palabra antes
en tiempos de un mar remoto, ígneo y nuclear.

En la luminosidad de tu piel comprendí
que no puedo dar lo que heredé de nacencia.

Desprovista del silencio y el canto,
recurrí a todas las cosas que he visto y probado.
Te devolví todo cuanto sabía:
los limitados números,
las dimensiones achatadas de mis espacios,
los colores de cajita de mi universo pequeño,
las historias de mis otros nombres,
y las leyes falibles de corazones y mentes torpes.

Y me enteré en el momento que conocía tan poco
que no sabía que no lo precisabas más de regreso,
Casa de luz,
tú muerdes al azul desamparando al cielo.

Tomé mi nombre y mi ego.
Verdaderamente ya no me servían
si no podía sentir tu caricia en mi cara.

Pero al llegar a las puertas de tu puerta
sus signos cayeron
como el sonido de un tren frenando en óxido.

Me quedé desnuda de regalos.

Entonces, decidí darte mi amor
o aquello que yo sentía cuando vivía
y era tan grande que me hacía grande
y me hacía sentir y creer
que yo podía ser la mujer más fuerte del mundo,
la valiosa, la centelleante,
la elegida por tu mesa para comer de tus manjares.

Te doy mi amor en medio de tu abandono.

Y es tan grande mi amor como la confusión de sus letras
que verdaderamente tampoco te sirve.

domingo, 6 de marzo de 2011

Casa de Luz (i)

Casa de luz,
vórtice donde rompe el viento,
en mi recuerdo apareces
como un relámpago que el estallido callaba.

Instalada estás en la distancia.
Trazas tu línea y se la das al aire que enfurece
en este lado del mundo.

Cuando estabas aquí,
solías revestirte de cristal en las noches tibias.
No había sol que derritiera tus entrañas.
A canción de cuna
tu muro y tu carne nos sabían.

Entonces mi yo multiplicado en todas las bocas del mundo
decía la palabra "puedo"
y el universo sus estrellas esparcía.

Un sueño como de otra existencia
nos venía en calidad de paz
en el tálamo de leche tibia de Vía Láctea.

Casa de luz,
canto en un raudal argénteo,
envueltos estábamos en tu matriz de fuego azul.

La lluvia entonces no dolía
y la fe tenía sabor de fruta dulce.


Hoy sólo queda el temblor acuoso y faríngeo:

El mapa del éxodo en tus puertas dibujaste
y al éxodo nos fuimos tus moradores.

Casa de luz,
qué habrá sido del calor de tu cuerpo.
A quién habrás abrigado estando tan sola,
cristalina,
mientras raspamos nuestros pies
en el magma burlador del centro de la tierra.

Casa de luz,
babel electrónica despojada de huellas dactilares,
nunca pude oír tu canto de metal en otro hogar.

¿Qué será de nosotros?

Vuelve tus ojos a nuestra desnudez,
abre tu boca amarilla
y envuélvenos en tu verbo.

Casa de luz,
jauría de ventanas ladrando viento.

Casa de luz,
tropo indescifrable y universal.

Casa de luz,
écfrasis divino de todas las cosas muertas.

Casa de luz,
casa de luz,
casa de luz.