Mostrando entradas con la etiqueta Laprotestadelviento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Laprotestadelviento. Mostrar todas las entradas

martes, 22 de enero de 2013

Multitudes

Rostros multe
bajo su lengua
subyacen los cuerpos del desierto.

Oro por el oro de su alimento
oro por la triste charla de sus huesos
oro por la encomiable virtud de permanecer
a pesar del espejo urbano.

Sabré tejerlos si me dan de beber
el pan de su alma.
Sabré tender una raíz y un puente
si me dejo llevar por su flama.

No sé si el viento es canjeable
o tierno
pero habrá que amarlo
porque viento está.

martes, 15 de enero de 2013

Venta

Quién me dará el retroactivo
de la música empeñada a los años
a cambio de ganarse el tiempo
y en la dorada edad escribir la melodía.

Quién me asegurará buenos
profundos, inquietantes
pensamientos
quién pagará mi deuda con la letra
dónde esconderé la excusa
en lo que saco a plazos el refrigerador.

Quién me asistirá
cuando la boca cierre su venta.

Allá, en el sol,


Mamá estará ahí, vendrá a ti
para iluminar tus labios con leche

Mientras
este cuarto de revelado, agredido
el rayo azul partiendo su memoria
¿acaso eres la Gracia discutiéndome la tristeza
o es que hablo ángeles?

Érase una vez una niña
un nido de palabras
la transversalidad del poema
-éste, el enviado a un futuro esposo
al nacituro imaginado
a la vagina pensante-.

Érase una vez una joven
un nido de espinillas
la verticalidad del poema
-oh, luz, llegaste a mi seno de invierno-.

Érase una vez una mujer
un ramo de ocupaciones
esta angustia por no marcar el fonema
llevarlo a cuestas en la sangre
-todo debe ser descanso y fatiga:
es la edad de la construcción del mundo-.

Pero realmente no importa nada. 

 Allá en el sol...

martes, 20 de noviembre de 2012

Nada

Yo no quiero florecerte, adorarte ni que me olvides. 
No me importa gustarte o perderte, 
al fin que siempre habrá un fonema que me ame.

Yo no quiero obedecerte o contravenirte, 

opacarte o vivir en tu sombra.
No me importa el tránsito ni la ceguera

No me importa si los mastines mastican ciudad o lluvia, 

mis vestidos o el silencio. 
Las pasiones fueron ya escritas
yo nada más repito ecos.

Acá sólamente hay un nombre 

mejor que el tiempo
nombrándonos, mientras se llama,
Nada.