Mostrando entradas con la etiqueta El Yin de Nuestra Postmodernidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El Yin de Nuestra Postmodernidad. Mostrar todas las entradas

lunes, 18 de julio de 2011

Eva Dominical

Me gusta pensar en el viento y su trayecto largo,
como trenzas infinitas
coqueteando al suelo seco de mi casa
un día de tantos,
pienso sentada, casi flotando
en la espalda núbea de Zapalinamé
un domingo de gracia
cuando Eva devolvió la muerte por paquetería
y se dedicó a rebautizar
los regalos de su enamorado invisible y tierno.

Sirena Sabatina

Tornasoladas ventanas,
cola bifurcada de citadina sirena,
azules y platas veo por ti en la arena
cuando tu saliva ríe contenta.
Es el preludio de tu arpa,
la cicatriz llamándose fiera,
los detonadores del golpe
-golpe, suelo, lengua, victoria horizontal y vertical
pero siempre triunfante sobre las horas
las vivas y las muertas-
de los atávicos retratos de ti
que mi mente piensa.

domingo, 3 de julio de 2011

Bendiciones in lak ëch

Bendiciones in lak ëch

el mundo puede dejar de girar
en el abismo de todos los días.
Podríamos dejarnos, ¿sí? Abandonarnos
a la sola idea del fin del dolor
si tan sólo pudiéramos escuchar
la voz hurtada del cristal
llamada madre abierta,
galaxia sosegada,
mujer florecida sin fin.
Detengo la palabra y la suspendo en perfume
ahora es mía
la virtud de los silencios.

sábado, 2 de julio de 2011

Felpa en pistache

El freno al éxtasis es un abrigo pistache
en la punta de la lengua,
felpa, lengua mullida,
hogar, lengua muerta,
otra puerta de Sión abierta
para engendrar entre los otros ojos el tedio.

martes, 12 de abril de 2011

Guijarro

Como un guijarro lanzado
en la playa por un niño,
cambiando el universo entero.
Así somos las personas comunes.

Si eres un ser pequeño, común,
mortal,
vuélvete un guijarro.
No hay mucho qué pensar.

El mundo necesita cositas pequeñas.
Por cositas se realiza el cambio.

Yoko Ono, me asombra tu capacidad
para hilvanar estas fórmulas
tan mediocremente new age.

O dime cómo calificar esto
sin que deje yo de pensar
en tu penthouse en Manhattan
-los bed in for peace llenaron bien
el hoyo de la bala de John, ¿cierto?-
con sus cristales y sus pisos vacíos
y todas tus obras de arte
tan lejanas del mundo.

O en todas las cosas que has hecho
sin pensar en el guijarro que fuiste.

No te imagino regalando tus regalías,
subastando tus piezas
-dientes, esculturas, pinturas,
joyas, pieles-
en Sotheby's
para salvar a tus hermanos nipones
del destino que les espera.

No te creo guijarro pequeño
reconstruyendo el país que dejaste de niña
sólo por amor al prójimo.

Yoko, no te sientas culpable
-ya sé que no te sientes culpable-.
No eres tú la que está mal en todo esto.

Es tan difícil decir y hacer
que hasta dios mismo
tan pronto creó la Tierra
se quedó mudo.

Un guijarro pequeño, una sonrisa...

A mí también me gusta pensar
en el efecto mariposa
como creador de lugares maravillosos.

Pero, sabes, estoy presenciando la caída
de uno de los paradigmas más sólidos
del XX y XXI:
pensé que primero me iría yo
antes que Japón completo...

Como un guijarro lanzado
cual muerto sin alternativa,
cambiando el universo entero.
Así somos las personas comunes, Yoko.

lunes, 21 de marzo de 2011

Marmóreo canto:

Yo podría permanecer
en el vórtice de tus ojos azules,
pléyade bendita de palabras extraviadas.

Y ver y comprender
y admirarme (otra vez)
del origen de los ritmos
del canto primigenio entre los hombres
y los pétalos endecasílabos
con que se enamoran las mujeres.

Si tan sólo estuvieras cerca.
Si yo supiera que es para mí,
mar sin sal
laberinto marmóreo pero turgente,
el remolino con el que caminas la Tierra

...aunque fuera unos segundos.

viernes, 11 de marzo de 2011

Canto

Canto a la vida en medio del escombro:
la sinfonía cinética se ha instalado
en el negro de quien todo lo puede ver
y por eso lo canta.

Canto del blanco al ausente,
canto que atraviesa al oro de la palabra furia.
Canto de las aves de la inocencia
y de un lado a otro del universo.

Canto mortuorio.
Canto de los vencidos.
Canto de una luz divina cuyo nombre no ha dicho.
Canto impenetrable por egos marchitos.

Canto inamovible,
canto de laúdes a reyes recién nacidos.
Canto que no se anula en el tiempo.
Canto que le huye a la humillación y el desencanto florecido.

Canto a la vida en medio del escombro,
himno a la naturaleza muerta que deja lo ingrato
en el alma pura.
Canto a contracorriente
para enmendar la sumisión de las sonrisas precedentes.
Canto a prueba de muros
y letras suspendidas.

Canto a prueba de disfonías pasajeras
y de pausas desiertas.

Y si el silencio arriba
es porque trae la nota precisa.

Y si el silencio arremete
y se incrusta en tu sala
y hasta en la cuchara con la que comes
estos bocados de fe de hace meses,

es porque descifra en tu canto, ¡oh, diosa de las esferas!
la perpetuidad de tu reino
por sobre todas las musas efímeras de este mundo.

martes, 22 de febrero de 2011

Extrañamiento

Extraño los libros manchados
y sus caracteres peleando al tiempo.
Las voces impresas de otros dedos,
platicando con el resto de la barajita
de cierto carmín en el aire
de regresar a estas fechas imposible.

Tanto,

Como la b del subjeto
confundido entre el substituto y el substantivo;
o el sublime estadío
del aroma de lo inamovible
casi eterno
hablándome de una serie de actos desangelados
[adultez ineludible]
que se suceden,
uno
a
uno

en la esfera del adivino indiscreto:

Todos los caminos eran posibles.
Todos compartían casa con el sueño.

[Ninguno era el cierto.

Pero esa puertita
tan modesta y sin apelativo...]

Todos han de ser revelados únicamente
para colapso de la infancia.

Extraño los libros manchados
y sus caracteres peleando al tiempo.

martes, 15 de febrero de 2011

Quisiera escribir cosas lindas más seguido:

Una estrella que puebla de luz un resquicio;
el mapa hallado de un hombre perdido;
Mil caras como una sola volviéndose dueñas de sí;
una oda al Sol por su perseverancia
ante el congestionamiento de los días-mono torpes.

Es imposible hacerlo entre esta horda de orangutanes.

Me imposibilita la asfixia de ciertos nombres.
Y esta fecha con olor a huevo podrido
[siempre la sentaron en la fila que estaba justo
en la alcantarilla;
desde ahí veía con catalejos el mundo]
me saca de la órbita
que marca mi risible intento de resistencia.

También quisiera ser más estúpida
más inmune a las muestras de cariño prosaico.
En verdad no necesito
que adulen mis redondeces.

Tengo al espejo.

Dejé de necesitar ser reconocida como un objeto
incendiario del corazón más primitivo
el primer día que no concebí la luz
sin el conocimiento a mi costado.

QUISIERA ESCRIBIR COSAS LINDAS MÁS SEGUIDO:

Por poner un ejemplo,
Cantar que no fui yo
la que, iracunda, rompió con el vínculo
entre la gran estrella y mi humanidad pequeña.

Es imposible hacerlo hecha llanto
mar adentro de los orangutanes.

Me atan ciertas normas inaudibles
pequeñas y falibles,
de caducidad próxima.
Impresión, Deuda, Adulación, Zoon Politikon.
Nada de eso me conducirá a la Verdad.

También voy al cine sola
a pesar de la caridad de los ojos de los otros.

No la necesito.

Lástima es lo que uno debiera sentir
por tanto y tanto hedonismo en charcos de sangre
y tantos y tantos chips borrando nuestra inmemorial voz colectiva.
Compasión es lo que merecen
los incautos con sus neuronas tendidas
bocarriba, en la tundra de lo ignoto.

Quisiera escribir algo más lindo.
Lo digo en serio.

La fecha de mi muerte segura,
el día que nací cuando unos pocos me esperaban.
O aquel otro en que yo latí por única vez
al unísono del útero del universo
y me sentí inconmensurablemente viva.

Es imposible hacerlo
bajo la lluvia de los orangutanes.

domingo, 13 de febrero de 2011

Tazón blanco

Me bebo esta lluvia ausente
sólo para entender el anverso de la vida.

Era tan bello el sonido de los días ignotos

Yo te amaba
Yo te amaba
Yo te amaba

Uno era para la justicia.
El otro, para la inocencia.
El tercero, para la vida contenida en esta vida.

Fui torpe:
miré al cielo tratando de desentrañar estrellas
cuando era el suelo lo que debía mirar.

Pero es que no escuché
y no sentí
el momento en que se deslizaba este tazón blanco
de mis mortales manos.

Ciudad Carmesí

Oh, mujer,
que crees que la libertad
proviene del carmesí de tu labial,
ojalá que algo más supremo que tu sombra
te proteja a la hora de la revelación:

La ciudad que creaste desde ti y para todos tus reflejos
es una nube desapareciendo
en la oscuridad de la noche.

Está sitiada. Muñequitos de cristal custodian sus muros.
[Porque te erigiste en una torre
creyendo ser princesa].
De agrio merengue son sus paredes.

Muérdete los labios mientras disciernes
lo iluso de la ilusión.

Mientras, te sigo contando
que veré tu ritual desde mi ventana roja.
Grabaré en mis ojos el negro de tus ojos saliéndose por los párpados.
Presenciaré cuando vistas de metal
esa ansia tuya
por controlar la imagen colectiva
que te conoce desde que naciste
[y te verá morir también].

Escupiré en ella por ti
como huyendo de este destino acromático
[y sabiendo por adelantado que no podré].
Maldeciré
tu terquedad
y mi mala suerte
hasta quedarme dormida y despertarme anciana.

¿Por qué creíste,
diva sin nombre,
que eran todos estos días el tiempo de la resurrección?
¿No te bastó saber
que has sido para muchos una vil costilla?

Acaso el culpable fue tu ego
que es más fuerte que tú
y más débil que aquello
invisible,
invencible,
intocable,
pero que nos mira y nos dirige,

marioneta curvilínea de acento dulce.

Oh, mujer,
que crees que la libertad
provenía del carmesí de tu labial,
ojalá que algo más supremo que tu yo chiquito
guarde memoria de lo que un día no fue.

viernes, 11 de febrero de 2011

Locomotora

Los pasos que crujen
y crujen
y crujen.

Una locomotora en las plantas de los pies,
un silbido débil muy adentro de las entrañas.

Es la historia que se va,
el labial desnudándose el color
en la maravilla del olvido.

Es la ira de los árboles-mujeres
o tal vez el llanto de los gusanos
lo que se pega en las manos,
sale por los ojos
y se incrusta en los oídos.

Óyelos.

No necesitas oírlos.
Han estado ahí desde siempre,
piedra-muro al fondo,
matria sempiterna de lo hostil.

Ahuyéntalos.

De nada te sirve.
Ellos te crecen las uñas;
con ellas te rascas el atavismo de tu verdadero nombre.

Inmólalos a tu propio yo.

Repósalos en hileras de neuronas sin luz,
ordénales que arriben al corazón de tus ojos.
Sólo así se logra la sublimación de lo inevitable.


Sólo así podrás entender
que a la velocidad del tiempo
ni las súplicas en labios malva.

Sólo así abrazarás
la huída del tiempo por el tiempo mismo.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Escudo

Siempre habrá una hora
en la que el fuego del guerrero
se vaya a dormir.

Me dijo mi espíritu beligerante
antes de dar la media vuelta.

Me sobrevive la vigilia
en esta noche donde quisiera dejar un momento
de pensar
y latir.

No temo dejar el escudo.

Es el miedo a transformar la liberación del llanto en cárcel.

Los fantasmas de crisantemos sobrevolando
la gaveta de todos los poemas
aún no escritos.

El aroma de mis manos de hielo y mis ojos
una noche de corazón abundante.

Lo que me turba.

Furia

Tengo una furia
que no se exime con cuentos
no se sublima con la eternización de mi efigie
y no se extingue con besos pasajeros.

Algo me debe este mundo.
Lo sé y lo callo.

Así aprendí a sobrevivirme
entre el fango de la estulticia
la insensibilidad
y la falta de amor sagrado.

No quiero íconos
tampoco miel derramándose en vano.

Quiero ver anaqueles de supermercados
en las bocas de los muertos de hambre.

Páginas enteras al amor que nos creó,
cristalinos,

eones atrás.

Tinta derramada
a favor de un beso cierto.

O la muerte.

O mi grito atrapado en una bolsa de papel
que jamás se reciclará
porque lo que es mío
está destinado a seguirme el alma
incluso más allá de mi inexistencia
sobre esta tierra de absurdos
que opacan las maravillas
vistas desde el sol
y los montes renaciendo
cada día

al morir la angustiante noche.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Éxodo

Ya nos vamos:
mire cómo se borra lo indecible.
Escuche cómo se expande lo contrito.

No hay magia sin fe.

No hay religión sin un beso.

No hay angustia sin alguna realidad perfectible.


Ya nos vamos.

Si desea burlarse del tiempo a contratiempo de esta mujer,
de su caótica belleza
o de su desenfrenada entrega semimaniática;
si desea guarecerse de lo que a otros no se les puede decir
o desea confesarse humanamente sensible y harto del mundo;
si simplemente tiene ganas de ser usted mismo,
llámela a su casa.

Ella siempre le contestará:
el falso orgullo es para las Barbies.

Amor Universal es lo único que flota en su casa con olor
a fresas persas de otra época, provenientes de un dulce mundo paralelo.

viernes, 21 de mayo de 2010

Pulpa de ciruela

El verde devorando el gris del suelo
el gris subiendo al cielo.

Hoy la tarde en el inicio del útero del tiempo
informa
que todo será un beso húmedo,
microcosmos encerrados en canicas
abriendo su pulpa como las ciruelas
mojando el viento en el pelo
con su jugo de mayo.

Mi sonrisa ridícula en la nada
a cambio por una fotografía permanente
de la visión.

domingo, 11 de abril de 2010

Syzygy

Syzygy
y no nos riamos
al menos Jung es famoso
y fue idealista.

Adán y Eva puro cuento
Osiris e Isis, avionados y perdidos
Aristófanes era un loser.

Syzygy y punto.

Syzygy
acabemos con el letargo.

Jugo de arándanos
o tabcin púrpura
antes de morir.

lunes, 5 de abril de 2010

La mujer que siempre abarca todo

Quiero ser
de pensamiento lento
esta tarde.

Visitar al presente
quedarme aquí, reposar mis 27 en él
no estresarme
por el fin de todos los mundos
ni entristecerme
por los vacíos que habitan
las casas en las vacaciones.

Quiero ser algo que vuele
mariposa, si fuera posible,
disipar todos los fuegos neuronales
con la extática luz cuando atardece el cielo.

Algo que no me pregunte
a dónde van mis sueños
o mis dosis de escapismo
a eso de las cinco de la tarde.

Algún algo que no me objete
todo este amor
que me galopa la piel
y la diluye
y me da derrames de ambrosías cardiacas
uno de cada tres días a la semana
hasta volverme la mujer
que siempre abarca todo
cada vez que se pronuncia en rosa.

viernes, 2 de abril de 2010

Palmar

Deshojo la flor,
abro la flor.

Flor de palmera
matrioska sin fin
de mi tierra ataviada de novia.

Palmar que me acecha
mientras me explica
por qué mi suerte ha sido así
en vez de la que proyecté alguna vez
en aquel cuaderno.

Al tiempo le gusta seducir
al hueso de mis hombros
deshojando momentos no válidos
-porque no fueron actualizados
con mi palabra de hierro-
frente a un absurdo televisor.

domingo, 7 de marzo de 2010

Fruta madre

Fruta madre en las entrañas de mi selva,
las libretas son el pan ofrendado
al fabricador de linternas guarecidas en mi corazón.

Que la razón nos obligue
a ti y a mí,
una y otra vez,
a ser cuerpo dúctil,
voluntad férrea,
corazón renovado por lo días claros,
manos palpitantes,
tiempo sin fin.