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sábado, 7 de noviembre de 2009

Posición V

La quinta dimensión
siempre guarda una sorpresa.

Aquí están mis razones
de la lógica no formal
y mis fundamentos para beber luz de la nada,
entender y entretejer abismos
que son hologramas:

La quinta es la vencida
hasta el momento del ahorita
y hasta que amanezca en "la".

Mi boca se desborda
y no soy pasión.
De mi lengua surge miel
y no soy terneza.
De mis ojos, mariposas
y no soy dios.

Nadie los ve, ni siquiera yo
pero en esta posición aprendo a ver con el alma,
las manos y los pies. Incluso los lugares comunes de mi aquí.

Aprendo de nuevo a creer en Dios
porque escuché hablar de nuestras vidas.

Posición IV

Passé de cuatro tiempos,
uno por cada punto de la rosa despeinada
-Postmodernidad se lavó las manos-:
al Norte, mi cara desafiando los carros
al Sur, mi maternidad desencadenada
en la piel de los demás
al Oriente, mi boca haciendo grito y agua
de afuera hacia adentro
al Poniente, mi vestido de piel tatuado con libertad.

Y en todos está siempre el elemento que gira,
cinemática para aprender a volar.

Posición III

Las curvas de mis primeros veintes
ya no existen.
En su lugar están las de los pretreinta
y yo juego a ser sirena
en esta sábana de flores sin mar.
Me sienta bien ser litoral,
preferí ser archipiélago:
Coyolxauhqui dejó su rastro en mí,
por haber sido bautizada con el astro de su nombre.

Posición II

Supinando la palma de la mano izquierda
la derecha le sigue como en un swing.
Todo lo demás es brecha:
si hablo o me ofendes, si callo o me ignoras,
al final de cuentas,
es amor lo que perdura,
por los motivos que sean,
de la manera como se vea,
enraizado, volatilizado, fraternizado a su manera,
pero amor al fin.

Los pies no bailan: vuelan;
es la hora de moverse hacia el punto más rojo y blanco
dar en el centro, olvidarse de la falaz estética
de este siglo maldito.

El tronco y la cabeza son un mismo árbol,
el de la vida,
si hay agua emanando de otro polo exterior.

Posición I

La cara contra uno mismo,
escondida así, diciendo la lengua en la garganta.
Un tic-tac baila sensualidad dispareja
mientras yo insisto en encontrar
la posibilidad de la regresión material
de mis mejores tiempos.

No me refiero a la infancia
ni a la primera adolescencia.
Hablo de esto, lo que escondo en las yemas,
de esto, lo que vivo neuronalmente
corazonalmente, por así decirlo.

La cara contra uno mismo.