Me gustas tú,
lluvia tímida de enero,
porque eres tan callada
como esta cama a la que me imanto.
Me gusta cuando tu índice bordea
los senos de la sierra hecha escarcha
que estira las piernas a los hombres solitarios
y regala un deseo distinto cada noche
a las hembras sin sol.
Me gusta que enjutes mi cabello
y no lo sueltes hasta que me quede otra vez dormida en silencio
cansada de quedar siempre en segundo sitio
en la competencia de la abundancia del agua que mana de nosotras.
Me gusta el sabor de tu leche alimentadora
de los niños que no gritan más "vida"
pues hibernan un papalote entre las alas de un unicornio gigante
cuyo arribo anunciado está
en las carteleras de un exótico verano.
Pero más me gustan las siluetas
de todas las personas que me dibujas
en los azulejos del baño:
toda la naranja media del norte
estamos a tus pies
y algunos hasta descansan
bajo la blancura silenciosa de tu madre, Nieves.
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viernes, 14 de enero de 2011
jueves, 6 de enero de 2011
El perfume del invierno
Atrapa el perfume del invierno,
pásalo por tu piel,
que nada interrumpa el crecimiento
de su semilla en tu dermis.
Oí algo hablándome aire.
Eras tú, viento,
lo que confundía con la añoranza al correr en pos de todos mis hologramas reunidos.
Atrapa el perfume del invierno.
Así lo hice y una tarde rojiza invadió mi templo.
Era pasión lo que ebulló dentro de mí.
Te he añorado tanto,
le dije.
Me has confundido con la alegría de abrir los ojos.
Como un cometa, pasó su fuego en la primera capa de mi cuerpo.
Me sentí una cebolla sin piel,
nuez de corazón a prueba de insultos del destino.
Atrapé el perfume del invierno.
Su viento trajo recuerdos inatrapables
al umbral de mi puerta cansada.
Que lo inasible sea por siempre
una fórmula mágica para construir un mundo alterno.
Uno donde me mantenga yo a ras del amargo llanto.
Recé, mientras perfumaba con su aroma
estas letras.
pásalo por tu piel,
que nada interrumpa el crecimiento
de su semilla en tu dermis.
Oí algo hablándome aire.
Eras tú, viento,
lo que confundía con la añoranza al correr en pos de todos mis hologramas reunidos.
Atrapa el perfume del invierno.
Así lo hice y una tarde rojiza invadió mi templo.
Era pasión lo que ebulló dentro de mí.
Te he añorado tanto,
le dije.
Me has confundido con la alegría de abrir los ojos.
Como un cometa, pasó su fuego en la primera capa de mi cuerpo.
Me sentí una cebolla sin piel,
nuez de corazón a prueba de insultos del destino.
Atrapé el perfume del invierno.
Su viento trajo recuerdos inatrapables
al umbral de mi puerta cansada.
Que lo inasible sea por siempre
una fórmula mágica para construir un mundo alterno.
Uno donde me mantenga yo a ras del amargo llanto.
Recé, mientras perfumaba con su aroma
estas letras.
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