sábado, 15 de octubre de 2011

Recuerdos

El día que te conocí
mi lengua anticipó el sabor del placer
de entender la música del aire,
mi cuerpo entendió la danza de las estrellas,
mi alma comprendió el fin de la libertad:
liberarse era pues, acabar en tu marea,
ser un trozo de papel para ser escrito por tu saliva,
un libro que se escribía de a poco
con cada sonido de nuestras gargantas.
Y mi mente anticipó
este melífluo silencio
desde el cual mi mano te escribe.

viernes, 14 de octubre de 2011

La fuerza del sino

"Hados y lados hacen dichosos y desdichados"
Decir de la época del romanticismo español


Yo quería tener un hijo.
Sólamente he podido engendrar
trescientos catorce triglicéridos
y un sino cubierto de pétalos sintéticos
-excipientes, cáspsulas para cubrir
la inteligencia de los placebos-.
Mi cetro es la esperanza en la sutileza
de lo que siempre me ha sido prohibido.
Mi alma es amarga
y también padece hipotiroidismo.

jueves, 13 de octubre de 2011

Plaza Cinco

El día que nos conocimos
renunciamos a soñarnos.
No hay paraíso más allá de tus pestañas,
dijiste,
y la teoría del vivir aquí
se desnudó conmigo.

Suena el reloj de las cinco.
A esta hora, la puta descansa en la sombra
la plaza es su amiga
y de latir algo más que los labios
se da permiso.

Escafandra

Altas olas envolventes
de un cálido furor en sus manos,
rojo, historia,
un cajón para los rosarios.

Alto es el ruido de la gente
en las catacumbas de una melodía
sin fin ni destino,
clavándose profundamente en sus osarios.

Bala perdida,
lluvia de esquirlas a grito batiente,
esto no es la guerra
es la ceguera de mis hermanos.

Necesito encontrar otra playa,
donde permanezcan de abril a octubre
las flores blancas en el cielo.
Necesito buscar nuevas sayas
para guarecer a los niños de leche
y a las palomas de azúcar y miel.
Necesito un amor verdadero,
una escafandra con dedicatoria al centro:
te quiero, te quiero,
hermano, jamás te dejaré de querer.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Entrega II

Entrego mi prolongada noche amarga
al Señor,
aún si dejan de cantarme himnos de ira
las piedras.

Si las piedras se van
habré entendido ya
que soy de viento ave
y la luz se habrá instalado aquí
para nunca más dejar
la polisemia de mi alma
ni la polifonía de mi corazón.

Entrega

En el reino de Dios
también hay oscuridad
Oh Sae Young



Entrego mi sombra al Señor,
en sus manos su fuerza desaparecerá.
Podré verme al espejo
y veré
la misma niña, la amante mujer
que únicamente nació
para ver las estrellas
y reencontrarse con ellas.

Como líquen putrefacto en la secoya
así he visto posarse mi sombra
desde hace tiempo.
Ya no temo:
la ira es lo que me hace débil,
será entonces paciencia
lo que siembren mis dedos
al despertar cada día.

Entrego mi sombra al Señor,
Él la habrá disuelto ya.
No me importa tomar otro rumbo
ajeno a mi palabra
si es Su palabra
la que me conduzca al bien mío
y de los hermanos por los que alguna vez pedí
estando pura.

Siluetas

El canto adolescente
abre las puertas
de la casa donde vive el deseo,
se nutre de la saliva y de sus besos,
y nunca muere
ni cierra sus ventanas
pues el amor es singular y circular
en esa etapa de la vida
(que puede durarnos uno o quince mil días,
o dos noches,
como fue nuestro caso particular).
Plúmbagos son los muros
donde se trazan las siluetas
de los amantes en flor.

El día más feliz de mi mundo (girasoles en otoño)

Dicen que los girasoles crecen
en días de otoño con lluvia
si alguien sueña con amar
si alguien alberga eso que se dice esperanza.

Cerré mis ojos,
las horas eran un plúmbago.

Creí ver los papeles metálicos de tus letras
brillando en aquel zaguán
donde duermen los besos que no nos dimos,
creí que amaban mi piel
y ésta te escribía el poema más tierno
para que lo guardaras
en las bolsas futuras de tus azules ojos.

Me pareció sentir tu nombre
sobrevolando las hojas del silencio.
Levanté mi falda,
afuera seguía lloviendo.
Y los girasoles crecían
al compás del color intensificado de mi corazón.

lunes, 10 de octubre de 2011

Paradiso

Ya sé que esto
no es el paraíso,

pero igual podría intentar renombrarlo,
si la brújula de los nombres me alcanza los oídos
y puedo entenderla.

Fabricación de estrellas

No hay estrellas.
Dices que no hay estrellas.
Prueba a mirar el negro y fabricar una.
Prueba tomar tu lengua y decir:
"Reconozco el canto de todos los tiempos en su marcha sideral".

Probablemente no nacerá nada,
tal vez serán solo pétalos de crisantemos
iluminando tu alma,
lo que sientas, muy entrada la noche.

Vuelta a Ítaca.

Has vuelto de la maroma de la rueda
y el polvo del viaje.
Has vuelto a casa.
El pan amargo te espera,
el agua dulce y tibia
ablandarán la llegada.
No hay estrellas,
sólamente algo que se llama alma.

Tanto mejor,

Las Ítacas personales siempre son
el único motivo de los actos nómadas,
y brillan también, como las estrellas.