miércoles, 12 de octubre de 2011

Entrega II

Entrego mi prolongada noche amarga
al Señor,
aún si dejan de cantarme himnos de ira
las piedras.

Si las piedras se van
habré entendido ya
que soy de viento ave
y la luz se habrá instalado aquí
para nunca más dejar
la polisemia de mi alma
ni la polifonía de mi corazón.

Entrega

En el reino de Dios
también hay oscuridad
Oh Sae Young



Entrego mi sombra al Señor,
en sus manos su fuerza desaparecerá.
Podré verme al espejo
y veré
la misma niña, la amante mujer
que únicamente nació
para ver las estrellas
y reencontrarse con ellas.

Como líquen putrefacto en la secoya
así he visto posarse mi sombra
desde hace tiempo.
Ya no temo:
la ira es lo que me hace débil,
será entonces paciencia
lo que siembren mis dedos
al despertar cada día.

Entrego mi sombra al Señor,
Él la habrá disuelto ya.
No me importa tomar otro rumbo
ajeno a mi palabra
si es Su palabra
la que me conduzca al bien mío
y de los hermanos por los que alguna vez pedí
estando pura.

Siluetas

El canto adolescente
abre las puertas
de la casa donde vive el deseo,
se nutre de la saliva y de sus besos,
y nunca muere
ni cierra sus ventanas
pues el amor es singular y circular
en esa etapa de la vida
(que puede durarnos uno o quince mil días,
o dos noches,
como fue nuestro caso particular).
Plúmbagos son los muros
donde se trazan las siluetas
de los amantes en flor.

El día más feliz de mi mundo (girasoles en otoño)

Dicen que los girasoles crecen
en días de otoño con lluvia
si alguien sueña con amar
si alguien alberga eso que se dice esperanza.

Cerré mis ojos,
las horas eran un plúmbago.

Creí ver los papeles metálicos de tus letras
brillando en aquel zaguán
donde duermen los besos que no nos dimos,
creí que amaban mi piel
y ésta te escribía el poema más tierno
para que lo guardaras
en las bolsas futuras de tus azules ojos.

Me pareció sentir tu nombre
sobrevolando las hojas del silencio.
Levanté mi falda,
afuera seguía lloviendo.
Y los girasoles crecían
al compás del color intensificado de mi corazón.

lunes, 10 de octubre de 2011

Paradiso

Ya sé que esto
no es el paraíso,

pero igual podría intentar renombrarlo,
si la brújula de los nombres me alcanza los oídos
y puedo entenderla.

Fabricación de estrellas

No hay estrellas.
Dices que no hay estrellas.
Prueba a mirar el negro y fabricar una.
Prueba tomar tu lengua y decir:
"Reconozco el canto de todos los tiempos en su marcha sideral".

Probablemente no nacerá nada,
tal vez serán solo pétalos de crisantemos
iluminando tu alma,
lo que sientas, muy entrada la noche.

Vuelta a Ítaca.

Has vuelto de la maroma de la rueda
y el polvo del viaje.
Has vuelto a casa.
El pan amargo te espera,
el agua dulce y tibia
ablandarán la llegada.
No hay estrellas,
sólamente algo que se llama alma.

Tanto mejor,

Las Ítacas personales siempre son
el único motivo de los actos nómadas,
y brillan también, como las estrellas.

domingo, 9 de octubre de 2011

Reprogramación del amor

El amor y la pasión
nacen en la frente,
se instalan cual cristales viejos
en el hipotálamo,
nos volvemos changos sudando el corazón.

Reprogramaré mi mente
para no soñarte más
ni pedir a tu rubia miés
que vuelva a besar mi París
desnudo de toda mentira.

La isla de la fantasía

Ya me voy, amor,
a mi Isla de la Fantasía.
Ya siento venir los placeres de la ilusión,
ya me parece escuchar
"el avioooooón" del enano de blanco.
Despertaré como a las cuatro
(quizá este domingo,
quizá dentro de otros tantos.
A lo mejor no vuelvo y punto).
Me llevo en la bolsa
el gotero con la solución de tu saliva,
tu explosión sideral y tu caos.
Dejo en este mundo febril
la nostalgia que no te permitió soñarme
a pesar del regalo que te di.
Silencio,
nadie te ha pedido
el consentimiento
para que yo deje caer mis lágrimas.

En realidad,

más que hacer el amor
yo tenía ganas de enamorarme
entregarme
abandonarme
sentir que otro cuerpo
y su alma
me pertenecen en reciprocidad
a lo que yo siempre he dado.
Una nada y la nostalgia ajena,
este libro de hojas sueltas,
la recién cortada melena
y un futuro sin estribillo rubio
ni lucero azul,
eso es lo que me deja
toda intención
de vivir en otra luz.

Congelamiento dominical

Despertar y en domingo,
¿para qué, amante mío,
si el azul de tus ojos
me prohibió el destino
volver a mirar?

[Siempre me pareció
que más que árabe o germana,
mi raíz era griega:
por qué he debido amar
a quien no debiera,
dejándome sola y casi muerta,
vagando, cantando de noche
tu rubia belleza,
canto profundo de mi penar].

No sé saltar en el tiempo
no encuentro la forma de al destino sobornar.
Únicamente me queda
elegir un instante y en ella mi risa congelar.

Ya tengo el lugar, el tiempo y la persona,
el diálogo del te amo siempre,
la cajita roja brincando en el rosa telar.
Sólo falta la ciencia,
la ciencia que me quiera dar la eternidad.