viernes, 30 de mayo de 2014

Cierra por siempre el embrujo
de ser noticia lejana para mí misma,
alquílame un submarino púrpura
y te contaré cómo aguanté sin respirar
bajo el agua de la espera por tu río. 

Hoy quiero que seas eterno,
hoy te amanezco en algún lunar
para que me portes radiante. 

Abre estos ojos detrás de los ojos
y mírame, tómame, luego bésame: 

nunca podré decir amor si no está tu rostro
cincelando el rostro mío,
nunca instalaré un sólo latido 
que no sea para tu corazón. 
Al espejo le digo
que gracias, otra realidad posible
ya se instaló en mi entrepierna
y más bien busca tu rastro
y ciegamente a tu cuerpo me lleva

limpia, puta, callejera de cuatro paredes,
extravagancia de delfín callado 
bajo los siete mares de Neptuno. 

Ven aquí y culmina el éxodo de mis piernas. 
Ven a mí y cierra en tu puño 
toda la savia de amor que derramo 
esta mañana. 

[Y la mañana es un siempre en el corazón]
Ámame de sol de mayo
y vuela sobre un ave de metal
que lleve consigo de nuestro beso.

De café tengo impregnada la mañana
y sólo por verte llevo en la falda
monocordios y binoculares para oírte el alma
tan profunda como siempre,

acercándose a esta tierra.
Ardiente y trémula
aguardo con demasiado sueño
y en vigilia
porque quiero que atestigües 
el frenesí del páramo
cantando al fin
amor y misericordia. 

Como naipes con besos en la boca
te espero, reina de un sólo corazón
multiplicado en la ignorancia gente
para volverla, con tu risa, un habitable mundo.


Pero es en el dorso de tu mano 
donde habitan heliotropos y jazmines
y también un sueño mío 
de correr el mundo por las venas de los árboles
anudada a ti en el agua cósmica y la cama. 


jueves, 29 de mayo de 2014

Adornaré tu boca con las flores provenientes
de tu Ciudad Corazón.

Y los muros del cielo y el aire impregnaré
del olor tibio a vida y combate
sobre el lecho divino de las estrellas.

Égloga y canto terrestre en siglo XXI y atemporal

Esconde tu grano de lluvia en mí, 
niño de junio resplandeciente. 
Dame tu trébol, tu árbol de mano y flor
tu hoja perennemente verde 
a la magnitud de los soldados divinos 
que todo lo contemplan y meditan
y también todo lo dan. 

Álzame a la nube pura, di que sí,
bárreme con una mirada tuya 
de la superficie escandalosa de la inmisericordia
con la que a veces me voy a dormir
y no soy agradecida por latirte dentro de mí
y a cambio llorar la pena ajena 
de una rabia perra que poco sabe del amor verdadero. 

Tuyo es mi reino
tu yo es mi templo y mi canción redimida. 

Que tu alma se trence a mi alma
como dos lenguas de fuego hablando el silencio.
Que tu campo de siembra dé siempre
conmigo 
y ser los dos un sólo mirlo al sol adorando. 

Ven y nace otra vez aquí, niño y hombre, 
ven para no morirme de mí ciegamente extrañándote
y también ven para venirme como ola pesada
de un jugo dulce como de mango. 
Ven siempre o mejor dicho, repósame contigo
canta invariablemente conmigo
súbete y luego bájate y luego expándete y luego aquiétate
como el rojo fluido de la vida. 

Que los santos y los esteros su oración inmutable
ante dios cantan,
que los elementos de esta tierra despiertan
y entre magentas pulcrísimos 
su corazón labran y admiran y ofrendan. 

Tira del tiempo y su materia al fin,
muchacho de las causas imposibles. 

O mejor no tires y navega, óyete dentro de mí
y a mí dentro de tu cuerpo ahíto 
de etílico lucero desprendido del Amor. 

Esconde tu grano de lluvia en mí, 
niño de junio resplandeciente. 



Para Ramón 
(como lo son todos los poemas desde noviembre 17 
y mucho antes de que él lo supiera).

Porque te amo. 

martes, 27 de mayo de 2014

No habría luna en fotografía
nunca una aurora boreal al cerrar los ojos
mientras me vuelves tuya.

Todo por el todo se complementa en tu nombre.

Bendito seas.
En el país donde las nubes son tierra
y al horizonte lo delimitan las frondas del mar
te entrego mi auto de amor y fe
y te pido perdón por los tres tiempos unidos 
en los que mi sombra te ha atacado. 

Te entrego lo que pude ser y al fin soy,
una mujer que se eleva de amor por ti
a punto de estrella y hoja verde. 
Pon tu grano y dame tu luz
que a mí me sobra agua
para tu ser de nuevo adorar
y en contemplación perpetua entregármele.

Ya respiro la luz sin la escafandra
ya la vida es ese sitio donde el mundo
navega sin herir.

Pon tu mano en mi pecho y búscame:
mi corazón es tu casa
y sus muros derribo
para que habite, expandida, tu esencia.