domingo, 12 de junio de 2011

A una rabia

Aunque te muestre
la línea esquirlada de mi lengua
en mí sigues siendo rojo vivo.

Podría ser que maldiga
algún segundo de tu verbo herido.
El resto es un siglo
donde tu sexo y tu cuerpo
sigue latiendo, esquivo,
en la cadera florida y muda
que soy yo,
viéndote aquí
tan lejos de mi tacto y mi saliva.

Aunque rabie en prosa o verso
y dirija un misil
con tu nombre al portador
me encargo yo misma
de desviar la bala,
muriendo por la ausencia de tu nombre.

Te quiero, sí
y siento
que después de ti
la soledad es un engendro
que se come mis pezones
sin tener yo más líquido
que la tristeza
de la que se nutre.

1 comentario:

Andrea Breq dijo...

Marlén, qué fuerza de versos me dejas clavada en la lengua... roja, sedienta, jauría de perros que me silencian.

Y aún así, lo innombrable es verbo en carne adherido.

Un beso, preciosa poeta!

A.