Te veré pronto, Amor,
cargado de lluvia suave
de brizna de maple
una vara de luz sobre tu piel morena.
Te besaré libre, Amor,
apenas y abramos el último resquicio,
la luz entrará
cegando de amor
lo aplazable
Y es que lo único postergable
es el miedo y la tristeza.
Te veré pronto, Amor,
o mejor dicho, ya estoy de nuevo
contigo.
lunes, 29 de septiembre de 2014
A esta hora, mañana
escribiré la forma
en que el sábado me llamabas
con tu mano de terciopelo fuego,
la misma que me da saliva
para mi anverso
jugo para mi vientre receptivo
a tu espada de luz
miel para escribir
que no soy yo
la mujer ascendida en el mundo
salvo cuando me lames
la historia fragmentada
induciendo al miedo,
salvo cuando absorbes mi furia
y la sublimas en deseo.
A esta hora, mañana
habré de llorarte, amor
por los días de camino incierto
para volver a ti
la fecha llena de gardenias.
escribiré la forma
en que el sábado me llamabas
con tu mano de terciopelo fuego,
la misma que me da saliva
para mi anverso
jugo para mi vientre receptivo
a tu espada de luz
miel para escribir
que no soy yo
la mujer ascendida en el mundo
salvo cuando me lames
la historia fragmentada
induciendo al miedo,
salvo cuando absorbes mi furia
y la sublimas en deseo.
A esta hora, mañana
habré de llorarte, amor
por los días de camino incierto
para volver a ti
la fecha llena de gardenias.
En una gota de agua
caben los mundos y sus niños
su fantasía primaveral
cociendo a voluntad la floresta.
En una gota de tu agua
cabe tu amor y tu deseo
tu perdón y tu caballo negro
pisoteando a verdad sabida
todo lo que fui y no hacía falta.
En una gota de mi agua
están mi nombre y mi amor por ti,
o quizá deba decir una u otra,
que al fin es lo mismo.
caben los mundos y sus niños
su fantasía primaveral
cociendo a voluntad la floresta.
En una gota de tu agua
cabe tu amor y tu deseo
tu perdón y tu caballo negro
pisoteando a verdad sabida
todo lo que fui y no hacía falta.
En una gota de mi agua
están mi nombre y mi amor por ti,
o quizá deba decir una u otra,
que al fin es lo mismo.
Caen las hojas
competencia caduciforme
contra el sol que las alimentaba.
Caen las risas del hipócrita,
las esperanzas de la puta,
la moneda y su valor.
Caen las sombras de nuestro amor,
se diluyen por la coladera.
Baja el sol a esta estampa:
se eleva mi plegaria a tu voz,
tu voz de roble y prado dulce,
tu voz de nobleza móvil
que inunda mi cuerpo.
Cae el cansancio por lo fútil:
regresa el navío del amor,
su lugar lleno de besos,
de nuevos besos a la hora
de entregarnos
otra vez, para siempre,
el alma
competencia caduciforme
contra el sol que las alimentaba.
Caen las risas del hipócrita,
las esperanzas de la puta,
la moneda y su valor.
Caen las sombras de nuestro amor,
se diluyen por la coladera.
Baja el sol a esta estampa:
se eleva mi plegaria a tu voz,
tu voz de roble y prado dulce,
tu voz de nobleza móvil
que inunda mi cuerpo.
Cae el cansancio por lo fútil:
regresa el navío del amor,
su lugar lleno de besos,
de nuevos besos a la hora
de entregarnos
otra vez, para siempre,
el alma
jueves, 25 de septiembre de 2014
Tengo un hombre de colores
de hambre de colores
de listones coloridos.
Tengo un amor para él
como el arco iris de mi infancia
un amor vestido de amor
para un siempre anegado
en mis pestañas.
Tengo un hombre libre
que me ama en mi libertad
y juro que eso es el maná
aunque también sea la dicha
de los dioses.
de hambre de colores
de listones coloridos.
Tengo un amor para él
como el arco iris de mi infancia
un amor vestido de amor
para un siempre anegado
en mis pestañas.
Tengo un hombre libre
que me ama en mi libertad
y juro que eso es el maná
aunque también sea la dicha
de los dioses.
Cierra los ojos,
Mundo,
y dime cómo huele
el color oro
que sobre tus pies
se anida,
viaje,
casa nueva,
casa de Luz comiendo
de tu palma ígnea,
tus trazos.
Ábrelos y dime
la adolescencia dorada
ante el asombro.
Ama mis ojos, Señor,
porque yo te he visto morir
y en este instante
le doy un mismo nombre
a tu renovada alma.
Mundo,
y dime cómo huele
el color oro
que sobre tus pies
se anida,
viaje,
casa nueva,
casa de Luz comiendo
de tu palma ígnea,
tus trazos.
Ábrelos y dime
la adolescencia dorada
ante el asombro.
Ama mis ojos, Señor,
porque yo te he visto morir
y en este instante
le doy un mismo nombre
a tu renovada alma.
A las dieciséis formaba un paraje
donde los besos se reunían
con palabras de viento.
A mis dieciséis pintaba el paisaje
donde describí tu cuerpo
sin conocerlo.
Quiero que vengas a mi casa,
que te perfumes con el oído
del gran árbol espiritual
donde pende mi alegría.
Quiero que sueñes en mi cama
con las alforjas de medio abril
y las puertas abiertas
a los campos celestes.
A los treinta y uno te amo
y respiro tus ojos de agua tranquila.
A las treinta y un llamadas de amor
te habré de decir
que fuiste mi hijo y ahora
eres mi entraña
porque un hombre da a luz a su mujer
y la mujer lo lleva en el vientre
en cada orgasmo
en cada plana de amor que le escribe
como ésta,
sacada de la plantilla de mi infancia.
donde los besos se reunían
con palabras de viento.
A mis dieciséis pintaba el paisaje
donde describí tu cuerpo
sin conocerlo.
Quiero que vengas a mi casa,
que te perfumes con el oído
del gran árbol espiritual
donde pende mi alegría.
Quiero que sueñes en mi cama
con las alforjas de medio abril
y las puertas abiertas
a los campos celestes.
A los treinta y uno te amo
y respiro tus ojos de agua tranquila.
A las treinta y un llamadas de amor
te habré de decir
que fuiste mi hijo y ahora
eres mi entraña
porque un hombre da a luz a su mujer
y la mujer lo lleva en el vientre
en cada orgasmo
en cada plana de amor que le escribe
como ésta,
sacada de la plantilla de mi infancia.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
