Vertiginosa luz, eclípsame hoy que ya no veo
tus ojos, tan como de llamas de un magma sin fin.
Qué mineral te diría que eres grande
como un regalo sin aristas para saberlo abrir,
o qué espejo rebotaría el canto metálico
de tus acordes de grito amarillo.
Tú arrasaste la concupiscencia de sus nombres
con el suspiro de las flores de tus manos.
Tú vendrás a quemar el reducto de mi ojo inerte
y a tapiar de orgullo tierno su reflejo.
Vertiginosa luz, eclípsame hoy que ya no veo.
No puedo olerte,
sentirte,
tocarte.
Imaginarte.
Eras una y te llamabas de muchos nombres.
Hoy, en el silencio,
por cada letra que recuerdo y en mi intento callo,
una explosión divina se apaga
y me arde en las entrañas.
Vertiginosa luz,
eclípsame a la hora de la transmutación de la materia que fui.
Hazlo pegada a mí.
sábado, 5 de marzo de 2011
viernes, 4 de marzo de 2011
Viaje redondo
Querías algo redondo.
He aquí el viaje más universal
en la densificación de la materia:
Mira los pueblos de la piel habitados por los recuerdos
de todas las horas pasadas.
El alimento de la infancia arrullado en la búsqueda.
Las leyes de la intemporalidad de las palabras
triunfando contra la rémora del silencio contenido
en un millón de gestos sin regalar.
La rebeldía de los colores al marchar frente a tu propia casa.
El canto que exhala aquel planeta
por cada passé ejecutado
sobre su propia naturaleza y gas
-naturaleza y masa-
-naturaleza de música compacta-
-naturaleza y hogar divino-
-naturaleza y nada más-.
Las danzas de las frutas imperecederas
guareciendo diminutas diosas en sus entrañas.
El trago a manos llenas de la Vía Láctea a escala y en ocre,
y aquella bóveda flamígera para dejar notas al pie.
Algo redondo.
Como las historias sin premeditación
tan magistralmente circulares,
imperfectas y tibetanas.
Evanescentes, transparentes, en helio la boca derramada.
O como la cerrada noche
que custodia la fe engendrada
y los buenos deseos resguarda
en tanto se repita la odisea de la vida
por cada día que despierta el cuerpo con el alma.
He aquí el viaje más universal
en la densificación de la materia:
Mira los pueblos de la piel habitados por los recuerdos
de todas las horas pasadas.
El alimento de la infancia arrullado en la búsqueda.
Las leyes de la intemporalidad de las palabras
triunfando contra la rémora del silencio contenido
en un millón de gestos sin regalar.
La rebeldía de los colores al marchar frente a tu propia casa.
El canto que exhala aquel planeta
por cada passé ejecutado
sobre su propia naturaleza y gas
-naturaleza y masa-
-naturaleza de música compacta-
-naturaleza y hogar divino-
-naturaleza y nada más-.
Las danzas de las frutas imperecederas
guareciendo diminutas diosas en sus entrañas.
El trago a manos llenas de la Vía Láctea a escala y en ocre,
y aquella bóveda flamígera para dejar notas al pie.
Algo redondo.
Como las historias sin premeditación
tan magistralmente circulares,
imperfectas y tibetanas.
Evanescentes, transparentes, en helio la boca derramada.
O como la cerrada noche
que custodia la fe engendrada
y los buenos deseos resguarda
en tanto se repita la odisea de la vida
por cada día que despierta el cuerpo con el alma.
martes, 1 de marzo de 2011
El mar era alado
Fuera del mar, el mar estaba creado.
Los ojos del mundo permanecían indivisibles,
mi memoria era la del ciego del cono sur
y la suya, la de un sabio griego transliterado.
Al lado del mar, el mar era alado.
los oídos del mundo prestaban atención
al galopar furioso de los unicornios sobre el agua,
la noche y el añil eran uno sólo en el mapa doble estrellado.
Dentro del mar, el mar era sagrado.
Los guerreros crecían sus espadas con atómica luz encendida
al ritmo de las danzas de las mujeres florecidas.
Las alfombras ondulantes apenas se disponían
para dormir a sus hijos añorados.
Debajo del mar, el mar era imaginado.
Las entrañas rojas de la tierra
en opuesto tono primario lo invocaban.
Azul debía ser, proclamaron.
Las bocas del hombre así lo recibieron.
Y a sus hijos así lo pasaron.
Encima del mar, el mar nos sigue esperando.
Espera la risa, la humilde victoria
de todos los ojos del mundo en la parte seca de la tierra.
Alegría, decimos nosotros.
Noticias buenas, dicen sus olas.
El mar es alado.
Los ojos del mundo permanecían indivisibles,
mi memoria era la del ciego del cono sur
y la suya, la de un sabio griego transliterado.
Al lado del mar, el mar era alado.
los oídos del mundo prestaban atención
al galopar furioso de los unicornios sobre el agua,
la noche y el añil eran uno sólo en el mapa doble estrellado.
Dentro del mar, el mar era sagrado.
Los guerreros crecían sus espadas con atómica luz encendida
al ritmo de las danzas de las mujeres florecidas.
Las alfombras ondulantes apenas se disponían
para dormir a sus hijos añorados.
Debajo del mar, el mar era imaginado.
Las entrañas rojas de la tierra
en opuesto tono primario lo invocaban.
Azul debía ser, proclamaron.
Las bocas del hombre así lo recibieron.
Y a sus hijos así lo pasaron.
Encima del mar, el mar nos sigue esperando.
Espera la risa, la humilde victoria
de todos los ojos del mundo en la parte seca de la tierra.
Alegría, decimos nosotros.
Noticias buenas, dicen sus olas.
El mar es alado.
lunes, 28 de febrero de 2011
Cumpleaños
Pequeñas marejadas
guardadas en el silencio de un intenso añil,
tu equilibrio.
El fonema divino
rescatado del escombro,
tu palabra.
Alguna verdad cósmica
que levanta los platos rotos y pone en orden la Casa,
tu pensar.
Una hora cualquiera
y al final de febrero,
el minuto universal
donde se anula el escenario de lo artificial,
haciendo
la elipsis del dolor en la tierra sin estrellas propias,
tu bienaventurado camino.
Un postdata divino
exhalado mientras Él estaba de buenas,
la temperatura y la fecha perfectas,
tu llegada a este páramo
abundante de luces muertas.
guardadas en el silencio de un intenso añil,
tu equilibrio.
El fonema divino
rescatado del escombro,
tu palabra.
Alguna verdad cósmica
que levanta los platos rotos y pone en orden la Casa,
tu pensar.
Una hora cualquiera
y al final de febrero,
el minuto universal
donde se anula el escenario de lo artificial,
haciendo
la elipsis del dolor en la tierra sin estrellas propias,
tu bienaventurado camino.
Un postdata divino
exhalado mientras Él estaba de buenas,
la temperatura y la fecha perfectas,
tu llegada a este páramo
abundante de luces muertas.
martes, 22 de febrero de 2011
Extrañamiento
Extraño los libros manchados
y sus caracteres peleando al tiempo.
Las voces impresas de otros dedos,
platicando con el resto de la barajita
de cierto carmín en el aire
de regresar a estas fechas imposible.
Tanto,
Como la b del subjeto
confundido entre el substituto y el substantivo;
o el sublime estadío
del aroma de lo inamovible
casi eterno
hablándome de una serie de actos desangelados
[adultez ineludible]
que se suceden,
uno
a
uno
en la esfera del adivino indiscreto:
Todos los caminos eran posibles.
Todos compartían casa con el sueño.
[Ninguno era el cierto.
Pero esa puertita
tan modesta y sin apelativo...]
Todos han de ser revelados únicamente
para colapso de la infancia.
Extraño los libros manchados
y sus caracteres peleando al tiempo.
y sus caracteres peleando al tiempo.
Las voces impresas de otros dedos,
platicando con el resto de la barajita
de cierto carmín en el aire
de regresar a estas fechas imposible.
Tanto,
Como la b del subjeto
confundido entre el substituto y el substantivo;
o el sublime estadío
del aroma de lo inamovible
casi eterno
hablándome de una serie de actos desangelados
[adultez ineludible]
que se suceden,
uno
a
uno
en la esfera del adivino indiscreto:
Todos los caminos eran posibles.
Todos compartían casa con el sueño.
[Ninguno era el cierto.
Pero esa puertita
tan modesta y sin apelativo...]
Todos han de ser revelados únicamente
para colapso de la infancia.
Extraño los libros manchados
y sus caracteres peleando al tiempo.
jueves, 17 de febrero de 2011
Oración
Padre Madre,
doquiera te encuentres,
Pronuncia en mis labios su nombre
hasta volverlo mantra
y conciliar el sueño.
Escribe con indeleble tinta su mirada
alrededor de mis manos y mi cuello
y venceré la noche.
doquiera te encuentres,
Pronuncia en mis labios su nombre
hasta volverlo mantra
y conciliar el sueño.
Escribe con indeleble tinta su mirada
alrededor de mis manos y mi cuello
y venceré la noche.
Matria
Matria dulce,
casa perdida mía.
He llegado desde el resplandor
del templo que habita el escombro.
Mataría al horror y te lo ofrendaría
de no ser porque llevaba la misma letra
con la que encarné amanecer tras amanecer,
mientras ahí estuve.
Tú me has traído de vuelta a tus entrañas.
Ya tengo otra vez una voz propia
para cantarte.
casa perdida mía.
He llegado desde el resplandor
del templo que habita el escombro.
Mataría al horror y te lo ofrendaría
de no ser porque llevaba la misma letra
con la que encarné amanecer tras amanecer,
mientras ahí estuve.
Tú me has traído de vuelta a tus entrañas.
Ya tengo otra vez una voz propia
para cantarte.
martes, 15 de febrero de 2011
Quisiera escribir cosas lindas más seguido:
Una estrella que puebla de luz un resquicio;
el mapa hallado de un hombre perdido;
Mil caras como una sola volviéndose dueñas de sí;
una oda al Sol por su perseverancia
ante el congestionamiento de los días-mono torpes.
Es imposible hacerlo entre esta horda de orangutanes.
Me imposibilita la asfixia de ciertos nombres.
Y esta fecha con olor a huevo podrido
[siempre la sentaron en la fila que estaba justo
en la alcantarilla;
desde ahí veía con catalejos el mundo]
me saca de la órbita
que marca mi risible intento de resistencia.
También quisiera ser más estúpida
más inmune a las muestras de cariño prosaico.
En verdad no necesito
que adulen mis redondeces.
Tengo al espejo.
Dejé de necesitar ser reconocida como un objeto
incendiario del corazón más primitivo
el primer día que no concebí la luz
sin el conocimiento a mi costado.
QUISIERA ESCRIBIR COSAS LINDAS MÁS SEGUIDO:
Por poner un ejemplo,
Cantar que no fui yo
la que, iracunda, rompió con el vínculo
entre la gran estrella y mi humanidad pequeña.
Es imposible hacerlo hecha llanto
mar adentro de los orangutanes.
Me atan ciertas normas inaudibles
pequeñas y falibles,
de caducidad próxima.
Impresión, Deuda, Adulación, Zoon Politikon.
Nada de eso me conducirá a la Verdad.
También voy al cine sola
a pesar de la caridad de los ojos de los otros.
No la necesito.
Lástima es lo que uno debiera sentir
por tanto y tanto hedonismo en charcos de sangre
y tantos y tantos chips borrando nuestra inmemorial voz colectiva.
Compasión es lo que merecen
los incautos con sus neuronas tendidas
bocarriba, en la tundra de lo ignoto.
Quisiera escribir algo más lindo.
Lo digo en serio.
La fecha de mi muerte segura,
el día que nací cuando unos pocos me esperaban.
O aquel otro en que yo latí por única vez
al unísono del útero del universo
y me sentí inconmensurablemente viva.
Es imposible hacerlo
bajo la lluvia de los orangutanes.
el mapa hallado de un hombre perdido;
Mil caras como una sola volviéndose dueñas de sí;
una oda al Sol por su perseverancia
ante el congestionamiento de los días-mono torpes.
Es imposible hacerlo entre esta horda de orangutanes.
Me imposibilita la asfixia de ciertos nombres.
Y esta fecha con olor a huevo podrido
[siempre la sentaron en la fila que estaba justo
en la alcantarilla;
desde ahí veía con catalejos el mundo]
me saca de la órbita
que marca mi risible intento de resistencia.
También quisiera ser más estúpida
más inmune a las muestras de cariño prosaico.
En verdad no necesito
que adulen mis redondeces.
Tengo al espejo.
Dejé de necesitar ser reconocida como un objeto
incendiario del corazón más primitivo
el primer día que no concebí la luz
sin el conocimiento a mi costado.
QUISIERA ESCRIBIR COSAS LINDAS MÁS SEGUIDO:
Por poner un ejemplo,
Cantar que no fui yo
la que, iracunda, rompió con el vínculo
entre la gran estrella y mi humanidad pequeña.
Es imposible hacerlo hecha llanto
mar adentro de los orangutanes.
Me atan ciertas normas inaudibles
pequeñas y falibles,
de caducidad próxima.
Impresión, Deuda, Adulación, Zoon Politikon.
Nada de eso me conducirá a la Verdad.
También voy al cine sola
a pesar de la caridad de los ojos de los otros.
No la necesito.
Lástima es lo que uno debiera sentir
por tanto y tanto hedonismo en charcos de sangre
y tantos y tantos chips borrando nuestra inmemorial voz colectiva.
Compasión es lo que merecen
los incautos con sus neuronas tendidas
bocarriba, en la tundra de lo ignoto.
Quisiera escribir algo más lindo.
Lo digo en serio.
La fecha de mi muerte segura,
el día que nací cuando unos pocos me esperaban.
O aquel otro en que yo latí por única vez
al unísono del útero del universo
y me sentí inconmensurablemente viva.
Es imposible hacerlo
bajo la lluvia de los orangutanes.
domingo, 13 de febrero de 2011
Tazón blanco
Me bebo esta lluvia ausente
sólo para entender el anverso de la vida.
Era tan bello el sonido de los días ignotos
Yo te amaba
Yo te amaba
Yo te amaba
Uno era para la justicia.
El otro, para la inocencia.
El tercero, para la vida contenida en esta vida.
Fui torpe:
miré al cielo tratando de desentrañar estrellas
cuando era el suelo lo que debía mirar.
Pero es que no escuché
y no sentí
el momento en que se deslizaba este tazón blanco
de mis mortales manos.
sólo para entender el anverso de la vida.
Era tan bello el sonido de los días ignotos
Yo te amaba
Yo te amaba
Yo te amaba
Uno era para la justicia.
El otro, para la inocencia.
El tercero, para la vida contenida en esta vida.
Fui torpe:
miré al cielo tratando de desentrañar estrellas
cuando era el suelo lo que debía mirar.
Pero es que no escuché
y no sentí
el momento en que se deslizaba este tazón blanco
de mis mortales manos.
Ciudad Carmesí
Oh, mujer,
que crees que la libertad
proviene del carmesí de tu labial,
ojalá que algo más supremo que tu sombra
te proteja a la hora de la revelación:
La ciudad que creaste desde ti y para todos tus reflejos
es una nube desapareciendo
en la oscuridad de la noche.
Está sitiada. Muñequitos de cristal custodian sus muros.
[Porque te erigiste en una torre
creyendo ser princesa].
De agrio merengue son sus paredes.
Muérdete los labios mientras disciernes
lo iluso de la ilusión.
Mientras, te sigo contando
que veré tu ritual desde mi ventana roja.
Grabaré en mis ojos el negro de tus ojos saliéndose por los párpados.
Presenciaré cuando vistas de metal
esa ansia tuya
por controlar la imagen colectiva
que te conoce desde que naciste
[y te verá morir también].
Escupiré en ella por ti
como huyendo de este destino acromático
[y sabiendo por adelantado que no podré].
Maldeciré
tu terquedad
y mi mala suerte
hasta quedarme dormida y despertarme anciana.
¿Por qué creíste,
diva sin nombre,
que eran todos estos días el tiempo de la resurrección?
¿No te bastó saber
que has sido para muchos una vil costilla?
Acaso el culpable fue tu ego
que es más fuerte que tú
y más débil que aquello
invisible,
invencible,
intocable,
pero que nos mira y nos dirige,
marioneta curvilínea de acento dulce.
Oh, mujer,
que crees que la libertad
provenía del carmesí de tu labial,
ojalá que algo más supremo que tu yo chiquito
guarde memoria de lo que un día no fue.
que crees que la libertad
proviene del carmesí de tu labial,
ojalá que algo más supremo que tu sombra
te proteja a la hora de la revelación:
La ciudad que creaste desde ti y para todos tus reflejos
es una nube desapareciendo
en la oscuridad de la noche.
Está sitiada. Muñequitos de cristal custodian sus muros.
[Porque te erigiste en una torre
creyendo ser princesa].
De agrio merengue son sus paredes.
Muérdete los labios mientras disciernes
lo iluso de la ilusión.
Mientras, te sigo contando
que veré tu ritual desde mi ventana roja.
Grabaré en mis ojos el negro de tus ojos saliéndose por los párpados.
Presenciaré cuando vistas de metal
esa ansia tuya
por controlar la imagen colectiva
que te conoce desde que naciste
[y te verá morir también].
Escupiré en ella por ti
como huyendo de este destino acromático
[y sabiendo por adelantado que no podré].
Maldeciré
tu terquedad
y mi mala suerte
hasta quedarme dormida y despertarme anciana.
¿Por qué creíste,
diva sin nombre,
que eran todos estos días el tiempo de la resurrección?
¿No te bastó saber
que has sido para muchos una vil costilla?
Acaso el culpable fue tu ego
que es más fuerte que tú
y más débil que aquello
invisible,
invencible,
intocable,
pero que nos mira y nos dirige,
marioneta curvilínea de acento dulce.
Oh, mujer,
que crees que la libertad
provenía del carmesí de tu labial,
ojalá que algo más supremo que tu yo chiquito
guarde memoria de lo que un día no fue.
viernes, 11 de febrero de 2011
Locomotora
Los pasos que crujen
y crujen
y crujen.
Una locomotora en las plantas de los pies,
un silbido débil muy adentro de las entrañas.
Es la historia que se va,
el labial desnudándose el color
en la maravilla del olvido.
Es la ira de los árboles-mujeres
o tal vez el llanto de los gusanos
lo que se pega en las manos,
sale por los ojos
y se incrusta en los oídos.
Óyelos.
No necesitas oírlos.
Han estado ahí desde siempre,
piedra-muro al fondo,
matria sempiterna de lo hostil.
Ahuyéntalos.
De nada te sirve.
Ellos te crecen las uñas;
con ellas te rascas el atavismo de tu verdadero nombre.
Inmólalos a tu propio yo.
Repósalos en hileras de neuronas sin luz,
ordénales que arriben al corazón de tus ojos.
Sólo así se logra la sublimación de lo inevitable.
Sólo así podrás entender
que a la velocidad del tiempo
ni las súplicas en labios malva.
Sólo así abrazarás
la huída del tiempo por el tiempo mismo.
y crujen
y crujen.
Una locomotora en las plantas de los pies,
un silbido débil muy adentro de las entrañas.
Es la historia que se va,
el labial desnudándose el color
en la maravilla del olvido.
Es la ira de los árboles-mujeres
o tal vez el llanto de los gusanos
lo que se pega en las manos,
sale por los ojos
y se incrusta en los oídos.
Óyelos.
No necesitas oírlos.
Han estado ahí desde siempre,
piedra-muro al fondo,
matria sempiterna de lo hostil.
Ahuyéntalos.
De nada te sirve.
Ellos te crecen las uñas;
con ellas te rascas el atavismo de tu verdadero nombre.
Inmólalos a tu propio yo.
Repósalos en hileras de neuronas sin luz,
ordénales que arriben al corazón de tus ojos.
Sólo así se logra la sublimación de lo inevitable.
Sólo así podrás entender
que a la velocidad del tiempo
ni las súplicas en labios malva.
Sólo así abrazarás
la huída del tiempo por el tiempo mismo.
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