sábado, 9 de agosto de 2008
Postdata a la Penitencia (Apología de la Insensatez)
Pero su Señoría
¿Qué no ve que esta insensatez
me ha acompañado más
que mi propia sombra
y que ella forma parte de mi vida?
- Adelante, pues, La Penitencia se revoca:
Séase devuelta la insensatez a tus días - .
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Y corro directo al cielo
un mundo incierto atravieso
la Inmensidad de las Estrellas
está de nuevo rendida a mis pies
... (Y que sea mi corazón el timón
que guíe mi barca
donde la posibilidad de tus besos)...
Penitencia
sudan
las paredes
de mi raciocinio/mi corazón/mi ego/
todo mi yo
Penitencia:
abrir mis ojos/esta es mi realidad...
No hablaré más
por el momento.
viernes, 8 de agosto de 2008
Las Miradas.
el viento sopla despacito
y me trae con él
las caricias y el perfume
de tu piel intacta por mis dedos
Es que puedo mantener a flote
la inmensidad
de este Cuerpo-Venus
que cada día gira más rápido
alrededor de tu valiente Sol.
Porque nuevamente dentro de este
Cuerpo-Venus
se desliza la savia alegre
de mi Cuerpo-Corazón;
Porque eres el absoluto de mi tarde
y lo constato en el cielo
que tú también observas
Es que doy gracias a la Vida
por darme la oportunidad
de sentirla realmente como es
aunque sea por un breve
pero hermoso instante:
El éxtasis de la libertad y la creación
que se sellan
al sentir la fusión sublime
De las miradas.
Que hoy (Deseos).
las puertas del Cosmos
se abran de par en par
Y nos permitan
a sus hijos bienamados
saber
Que el Amor es lo único
que hay
para paliar el dolor
para finiquitar las guerras
para eliminar los miedos
para borrar los rencores.
Que hoy
tu Centro-Universo
Luz y Canto
de mis horas no escuchadas
se vista de alhajas de alegría
y se disipen las sombras.
Que hoy
mi plegaria por verte feliz
se convierta
en una realidad inusitada.
Que hoy
sientas de verdad el abrazo-amor que te llega
y te ha llegado desde siempre
y que el Creador bendiga
70 veces 7
tu presencia en mi existir.
Esto no es
es una danza a tu silueta
a tu sigilo
a tus pensamientos
y a los míos.
Esto no es una carta de amor desesperado
es un cúmulo de letras
que giran y vuelan despacio
hacia el lugar que las vio nacer
hacia el Centro-Universo
de tus labios.
Esto no es una sentencia definitiva
ni una premisa peyorativa
ni una falacia aumentativa
es el sentir de las horas
el tic-tac del minutero
Que abarca cuerpo-tierra
pecho-fuego
ojos-agua
y manos-luz
(de los cuatro elementales de tu cuerpo).
Esto no es un disfraz, no es un juego
no es la letanía del esquizofrénico
ni la agonía del solitario;
No es una oda a la resignación
ni una tregua al vivir frustrado
no es el cambalache del ayer y lo pasado
no es, siquiera, una especie de contrato.
Esto no es la persecución del olvido
esto tampoco es la supresión de la voluntad ajena;
No se trata de regalar una mala pasada
ni caras largas ni frases a quemaropa
ni el origen de pensamientos retorcidos.
Esto no es la existencia dentro de
la fantasía-nada.
Tampoco es la súplica
de recibir un segundo tuyo
a cambio de mi silencio.
Esto, digámoslo así,
es lo que siento.
Esto, pongámoslo así,
es lo que vivo.
Esto, declarémoslo así,
en este momento.
jueves, 7 de agosto de 2008
Pero que
Pero que agarro mis chivas y me voy a la Alameda, a caminar mientras veo los árboles que dejaron intactos y los que acaban de sembrar, echándole ganas para cumplir su promesa: llegar a ser tan gruesos como Don Ciprés, Don Nogal o Don Álamo, que orgullosos ondeaban sus verdes de pensionado hasta que un día un serrucho los mandó al diantre. Y que boto mis pesimismos y me lanzo al suelo donde antes hubo cantera rosa y ahora lo dejaron en cemento pintado de bermejo cansadón, a ver pasar a la señora solterona del perro fifí que mueve la colita mientras una niña lo acaricia; a ver a los niños en sus bicicletas amenazando con darte en la torre si no te les haces a un lado; a ver a las parejitas cariñosas pensando en la inmortalidad del cangrejo, en la durabilidad de los M Force y en el niño que no esperan, pero que ya les llegará, ya les llegará. Y que abro mi bolsa y saco mi monedero y me compro mi botecito para hacer burbujas (total, nadie me conoce, y si me conoce –como es lo más probable, aquí en Saltillo todos estamos emparentados de alguna manera- pos qué le hace, que al cabo yo también le he de saber algún secretillo inconfesable, descubierto por mí al azar, y por lo tanto, chantajeable) y que me pongo a soplar como si fuera una huerca de cinco años. Y que sigo caminando y me siento a comer tacos rojos a mitad de la calle que da frente a la Normal Básica, y me como de una sola sentada seis tacotes con salsa sacalágrimas, lechuga amibiásica y sangría topochico al tiempo (no pude olvidarme de mis fobias a enfermarme por comer hielo). Y que me fui olvidando que afuera de ese cuadro de hojas verdes y monumentos grafiteados, bancas destartaladas y chicles embarrados, estaba el caos: adentro, pura sonrisa de complicidad de sus habitantes temporales, pura felicidad de estar con nuestros hermanos los árboles, pura alegría de recordar cosas del ayer (como cuando mi mamá y yo nos íbamos a correr toda la semana de vacaciones que a ella le daban en el mes de julio, porque no habría más; o como cuando mi papá me acercó a un pato para que lo acariciara, en el lago que tiene forma de república mexicana; o como cuando me esperaba a la salida de la Berrueto, para ver al chico de la voz rondallera y ojos verdes que nunca me peló, por ser ñoña y morena). Y que me fueron dando las nueve y media de la noche. Y que me fui del paraíso temporal.
Y si...
Y si de vez en cuando uno se topara con noticias buenas en la tele o en los diarios, el mundo dejaría de ser un caos inventado por unos momentos –se dijo el jubilado que paseaba por la calle de Victoria, frente al cine que ya no es como antes, no por su remodelación, sino porque le falta ella-. Me daría cuenta que las flores siguen oliendo a lo mismo cuando era pequeño, que las abejas necesitan estar en 40 de ellas para hacer una gota de miel, que el tren sigue pasando ruidoso a tres cuadras de mi casa y que doña Cuquita no murió, está, igual que Pedro Infante, en nuestros corazones.
Los obesos se sentirían menos oprimidos por serlo, las madres sobreprotectoras tendrían tiempo para disfrutar ver crecer a sus hijos, los hombres de negocios les dedicarían un día de su vida a los que no tienen… porque finalmente, en este mundo, lo que llega se va y como se va, regresa, en otra forma, en otro estado.
Probablemente los noticiarios caerían en la ruina, y los periódicos amarillistas venderían su alma al Creador, de vuelta al lugar de la Verdad (nadie nunca entendió que la Verdad no existía en sus ocho sangrientas columnas, sino en la capacidad de saber que el mundo es uno mismo, y que hay millones de mundos con quienes uno debe mantener la cordialidad).
Los locos sanarían por completo: se descubriría que los esquizofrénicos son los conectores entre este mundo y el cosmos, y que los bipolares son los herederos de la magia de Van Gogh, Chopin y otros tantos estigmatizados. Podrían decirle a su doctor "¿Quién es el loco, después de todo?". Y mandarían a la fregada el alprazolam, el lexapro que me mantiene a raya y el tafil que ella tomaba para conciliar el sueño.
Si de vez en cuando uno oyera noticias agradables, la adrenalina por vivir de nuevo aumentaría, las copulaciones entre la gente de todas las edades –incluyéndome- serían el pan de cada día, la unión de los sexos dejaría de ser tema enfermizo, como el sida o la pornografía, y se trocaría en lo que es, lo más sublime del amor entre un hombre y una mujer (o dos hombres o dos mujeres, los tabúes humanos son aberrantes).
Si de vez en cuando uno leyera buenas noticias, mi amigo Efraín no habría muerto de diabetes (decían los viejos de antaño que los diabéticos lloraban por la ausencia de azúcar en la vida: tanto así era importante para ellos el vivirla de verdad).
Si de vez en cuando esto pasara, yo no caminaría por esta ciudad bombardeada por las ansias del progreso económico, ése al que todos apostamos y nadie quiere ver que nunca habremos de alcanzarlo mientras los egoísmos individuales continúen: minar una energía como lo es el dinero es igual a minar tu derecho a ser feliz por el simple hecho de haber nacido en un valle que no siempre es de lágrimas de sal.
Si no, pregúntenme lo que brotó de mis ojos la primera vez que estuve con ella; cuando vi nacer a Azucena; cuando tocó mi dedo con su mano entera Héctor, mi único nieto.
Si las noticias transmitidas en los medios de vez en cuando (y sólo de vez en cuando, no pido tanto) fueran buenas, agradables, pasajeras pero dulces, digamos que hasta con la vida lisonjeras, el mundo no se sentiría tan muerto.
martes, 5 de agosto de 2008
Cantar de la noche para tus ojos
y tus dedos ponen distancia a mis letras
porque hoy mis labios ante ti enmudecen
Mis dedos escriben las palabras
que algún día leerás
y sabrás tuyas.
El ayer ya no importa
Puede ser
que tú lo hayas desterrado
de mi bahía.
Debiste ser alquimista
en una de tus otras tantas vidas
(aunque sea posible
que no creas en la reencarnación).
Y aunque no sé tu cara muy de cerca
imagino que en tus ojos
una belleza anacreóntica encierran:
misterio de un signo que no conozco
pero que me dicen que detrás de tu silencio rocoso
existe el azul de los mares
y la esperanza de las estrellas.
La llegada
igual que los descubrimientos
de algo que sólo Dios conoce
y nosotros no sabíamos
porque en poco tiempo nos
convertimos en muertos
El éxtasis de recibir el arribo
del sereno de otros ojos frente a un abismo
resulta igual de enloquecedor
que saberse poseedor
de una fórmula impensable patentada
por nuestro Creador...
Sabrás entonces que tu llegada fue
algo así como
saber que aún vivía y respiraba
sentía y me olvidaba
que alguien mi isla abandonó.
No digas nada...
de cualquier forma,
la intensidad que me ha provocado tu llegada
es indescriptible
incomparable e ineludible
pese a todos mis argumentos
a todas mis ganas de asfixiar
este bochornoso sentimiento;
tan visible ante mis manos
tan evasible ante mi desnudez
y ante mi eterno siamés,
El corazón.
El Secreto.
se respira en las paredes
me fascina este cuadro
lleno de mensajes encriptados
que nadie puede comprender.
No sé por qué fregados
debo callar lo que siento;
Quizá sea porque no encuentro
la manera de decir
Te quiero.
Corazón Acróbata
una suerte de
acrobacias
con este músculo inquieto
deshinibido y llorón;
Hoy voy a hacerle al contorsionista
con este pobre incomprendido
llamado corazón.
Me comería el corazón de alguien
alguien, sí, que agarrara
desprevenido;
Mas por fortuna de muchos
y para infortunio de mi
desquiciado delirio
no puedo siquiera asirme
de uno de sus ventrículos.
Mejor haré un origami
con este utopista descarriado:
mandaré volar mi corazón
en pedacitos doblado
a ver si llega tan lejos
como para que pueda ser tomado.
Y como sé que mi corazón
antes que acróbata y
pájaro de origami
es boomerang
Sé que lo tendré conmigo de vuelta
antes de que me toque la piel
el anochecer de luna turca.
