Porque me sé inmerecedora de su puro,
sabio corazón,
señor poeta,
me resigno a escribir planas
creyendo que es poesía
y diluyo mi alma en el infatigable cuestionamiento
a mi propio dios
de si algún día, en otro universo,
mis ojos han de poder vaciarse en los suyos.
No lamentaré mi suerte, conozco al tiempo.
Me ha ganado otra vez el honor de la felicidad.
Entregaré mi corazón a plazos
en trozos muy pequeños, cristalinos,
a ese lugar divino: la Nada.
Paradisiaco lugar por su mano restituido
por su lengua sus puertas abiertas
por su alma sus frutos mostrables.
Y no daré parte a nadie
ni escribiré letra alguna.
Será mi regalo más puro,
entre toda la oscuridad que me habita
tras el rencor del desencanto.
Y será en honor suyo,
maestro, hombre de paz silente.
Porque me sé inmerecedora de su puro
noble, luminoso corazón,
señor poeta,
le agradeceré, humilde, a partir de hoy y cada día
su existencia
cantándole con este silencio infinito que se enclava
en los himnos más honestos
de mi otra vez aluzado,
pero impuro corazón.
sábado, 16 de abril de 2011
Mantra de apertura
He venido para inundarte con mis palabras
el aire suave que nos brinda la tierra.
Y pedir permiso para decir tu nombre a los cuatro vientos
y uno a uno, desnudarte con ellos.
Yo pido permiso para registrar los matices de tu voz
en mis labios.
Pido permiso para acariciar tu piel
y envolverme en ella
hasta ya no sentir orfandad alguna ni aflicción.
Pido permiso para sostenerme en tus columnas,
pilares hechos con arena del desierto.
Pido permiso para quitarte las espinas de tus dedos
y besar sendas llamas, nuevas y quedas.
Pido permiso para trenzarte un sueño de papel
escrito con tinta indeleble, invisible e invencible,
canto perpetuo de mi alma para tu corazón.
Pido permiso de usar mis manos como un puente
entre el universo de tu vientre
y tu pezón.
Pido permiso para estar dentro de tu cuerpo,
para estar encima y dentro de tu cuerpo,
para estar debajo y dentro de tu cuerpo,
para estar a un costado y dentro de tu cuerpo.
Para dejar de existir dentro de tu cuerpo.
Para reinventarme dentro de tu cuerpo.
Pido permiso a la póstuma humedad de tu rostro
la oportunidad de entender la alegría de estar vivo.
Pido permiso a tus ojos
de capturar lo que desborde tu alma
y tenerlo y guardarlo para mí,
como un talismán que me guíe siempre hasta tu templo.
Pido permiso al tiempo
para ser siempre el hombre encargado
de hacerte cada día, cada hora,
la mujer única en el mundo que pueda yo crearte
con el corazón y mis manos.
Y puesto que todo desde antes de pedírtelo me lo has dado,
mujer, estrella, templo sagrado,
nada puedo hacer sino asegurarte que el destino
llegará incierto para ambos.
Y será un honor hallarte entre la niebla
y alegrarte en la canción del mediodía;
mirar tu pelo, que es camino que evita los infiernos,
bajo la luz del sol.
He venido para inundarte con mi silencio
esto que vibra en el aire
y se llama amor.
el aire suave que nos brinda la tierra.
Y pedir permiso para decir tu nombre a los cuatro vientos
y uno a uno, desnudarte con ellos.
Yo pido permiso para registrar los matices de tu voz
en mis labios.
Pido permiso para acariciar tu piel
y envolverme en ella
hasta ya no sentir orfandad alguna ni aflicción.
Pido permiso para sostenerme en tus columnas,
pilares hechos con arena del desierto.
Pido permiso para quitarte las espinas de tus dedos
y besar sendas llamas, nuevas y quedas.
Pido permiso para trenzarte un sueño de papel
escrito con tinta indeleble, invisible e invencible,
canto perpetuo de mi alma para tu corazón.
Pido permiso de usar mis manos como un puente
entre el universo de tu vientre
y tu pezón.
Pido permiso para estar dentro de tu cuerpo,
para estar encima y dentro de tu cuerpo,
para estar debajo y dentro de tu cuerpo,
para estar a un costado y dentro de tu cuerpo.
Para dejar de existir dentro de tu cuerpo.
Para reinventarme dentro de tu cuerpo.
Pido permiso a la póstuma humedad de tu rostro
la oportunidad de entender la alegría de estar vivo.
Pido permiso a tus ojos
de capturar lo que desborde tu alma
y tenerlo y guardarlo para mí,
como un talismán que me guíe siempre hasta tu templo.
Pido permiso al tiempo
para ser siempre el hombre encargado
de hacerte cada día, cada hora,
la mujer única en el mundo que pueda yo crearte
con el corazón y mis manos.
Y puesto que todo desde antes de pedírtelo me lo has dado,
mujer, estrella, templo sagrado,
nada puedo hacer sino asegurarte que el destino
llegará incierto para ambos.
Y será un honor hallarte entre la niebla
y alegrarte en la canción del mediodía;
mirar tu pelo, que es camino que evita los infiernos,
bajo la luz del sol.
He venido para inundarte con mi silencio
esto que vibra en el aire
y se llama amor.
viernes, 15 de abril de 2011
Coda floral (I)
¡Oh dulce flor con melodía!
¡Arribas,
arribas!
Tan fuerte y delicadamente arribas,
a mi corazón.
¡Arribas,
arribas!
Tan fuerte y delicadamente arribas,
a mi corazón.
jueves, 14 de abril de 2011
Salmo humano para tu corazón
Desperdician la musicalidad de la palabra
ofendiendo cuando hay que apelar
a la sabiduría del silencio;
callando cuando es preciso oír
la canción multívoca contenida en la buena alabanza.
Así es el mundo.
Tú
Concentras a la Vía Láctea en el espiral de un amonite,
devuelves el espíritu de lo eterno a una piedra milenaria
con la sutileza del viento sobre una magnolia
y la recreación del universo es posible.
Nada fallará
aún si el mundo se falta a sí mismo
estando tú presente.
ofendiendo cuando hay que apelar
a la sabiduría del silencio;
callando cuando es preciso oír
la canción multívoca contenida en la buena alabanza.
Así es el mundo.
Tú
Concentras a la Vía Láctea en el espiral de un amonite,
devuelves el espíritu de lo eterno a una piedra milenaria
con la sutileza del viento sobre una magnolia
y la recreación del universo es posible.
Nada fallará
aún si el mundo se falta a sí mismo
estando tú presente.
miércoles, 13 de abril de 2011
IV-4
Que sea la blanca nada cubriendo al Todo
brotando de sus labios
y no una afrenta,
sabio,
lo que llene mi existencia.
Que sean sus flores plagando los muros
donde escribo hasta no dar
-otra vez-
con La Palabra,
y no el olvido del mundo,
creador,
lo que poble mi país pequeñito.
Que sean sus ojos interpretando al mundo,
vitral sónico nacido cada quinientos años
y no la oscuridad,
descifrador,
lo que le dé sentido a lo que no comprendo.
Que sea su corazón tocando amor
en todos los niveles imposibles de oír
y no otra música,
hombre,
la melodía que endulce mi flor.
brotando de sus labios
y no una afrenta,
sabio,
lo que llene mi existencia.
Que sean sus flores plagando los muros
donde escribo hasta no dar
-otra vez-
con La Palabra,
y no el olvido del mundo,
creador,
lo que poble mi país pequeñito.
Que sean sus ojos interpretando al mundo,
vitral sónico nacido cada quinientos años
y no la oscuridad,
descifrador,
lo que le dé sentido a lo que no comprendo.
Que sea su corazón tocando amor
en todos los niveles imposibles de oír
y no otra música,
hombre,
la melodía que endulce mi flor.
Desidia
¿Por qué esperaré tanto
cuando tengo la idea nacitura en la boca
y me subyugo a la soberbia
de creer que es mía,
si siempre al final ella vuela libre, suprema,
dejándome con la vaga sensación
de una aurora boreal a medio pintar
aquí, en el espacio que hay entre el alma
y el corazón?
Acaso es que pienso
en la repetición del instante hasta prolongarse...
Es el instante lo que me vuelve ajena
de un Todo que me observa, paternal.
cuando tengo la idea nacitura en la boca
y me subyugo a la soberbia
de creer que es mía,
si siempre al final ella vuela libre, suprema,
dejándome con la vaga sensación
de una aurora boreal a medio pintar
aquí, en el espacio que hay entre el alma
y el corazón?
Acaso es que pienso
en la repetición del instante hasta prolongarse...
Es el instante lo que me vuelve ajena
de un Todo que me observa, paternal.
martes, 12 de abril de 2011
Vía Láctea-Amonite
No tengo palabras para darle,
señor poeta.
Más bien he venido a que me regale una.
De pronto,
Vía Láctea se volvió amonite.
Sobrevivió al caos y al final de los mundos.
Fue arrojado en un mar
situado al lado del universo que se iba
llevando consigo las palabras de su boca:
Que alguien como tú lo recogiera
y brillara en sus, tus, ojos.
Mantra total.
El árbol que da frutos de alegría
reverdeció
ante el milagro de la fertilidad de la sentencia.
La mujer quedó, otra vez, muda de palabras.
Su corazón vio de nuevo el mediodía.
señor poeta.
Más bien he venido a que me regale una.
De pronto,
Vía Láctea se volvió amonite.
Sobrevivió al caos y al final de los mundos.
Fue arrojado en un mar
situado al lado del universo que se iba
llevando consigo las palabras de su boca:
Que alguien como tú lo recogiera
y brillara en sus, tus, ojos.
Mantra total.
El árbol que da frutos de alegría
reverdeció
ante el milagro de la fertilidad de la sentencia.
La mujer quedó, otra vez, muda de palabras.
Su corazón vio de nuevo el mediodía.
Guijarro
Como un guijarro lanzado
en la playa por un niño,
cambiando el universo entero.
Así somos las personas comunes.
Si eres un ser pequeño, común,
mortal,
vuélvete un guijarro.
No hay mucho qué pensar.
El mundo necesita cositas pequeñas.
Por cositas se realiza el cambio.
Yoko Ono, me asombra tu capacidad
para hilvanar estas fórmulas
tan mediocremente new age.
O dime cómo calificar esto
sin que deje yo de pensar
en tu penthouse en Manhattan
-los bed in for peace llenaron bien
el hoyo de la bala de John, ¿cierto?-
con sus cristales y sus pisos vacíos
y todas tus obras de arte
tan lejanas del mundo.
O en todas las cosas que has hecho
sin pensar en el guijarro que fuiste.
No te imagino regalando tus regalías,
subastando tus piezas
-dientes, esculturas, pinturas,
joyas, pieles-
en Sotheby's
para salvar a tus hermanos nipones
del destino que les espera.
No te creo guijarro pequeño
reconstruyendo el país que dejaste de niña
sólo por amor al prójimo.
Yoko, no te sientas culpable
-ya sé que no te sientes culpable-.
No eres tú la que está mal en todo esto.
Es tan difícil decir y hacer
que hasta dios mismo
tan pronto creó la Tierra
se quedó mudo.
Un guijarro pequeño, una sonrisa...
A mí también me gusta pensar
en el efecto mariposa
como creador de lugares maravillosos.
Pero, sabes, estoy presenciando la caída
de uno de los paradigmas más sólidos
del XX y XXI:
pensé que primero me iría yo
antes que Japón completo...
Como un guijarro lanzado
cual muerto sin alternativa,
cambiando el universo entero.
Así somos las personas comunes, Yoko.
en la playa por un niño,
cambiando el universo entero.
Así somos las personas comunes.
Si eres un ser pequeño, común,
mortal,
vuélvete un guijarro.
No hay mucho qué pensar.
El mundo necesita cositas pequeñas.
Por cositas se realiza el cambio.
Yoko Ono, me asombra tu capacidad
para hilvanar estas fórmulas
tan mediocremente new age.
O dime cómo calificar esto
sin que deje yo de pensar
en tu penthouse en Manhattan
-los bed in for peace llenaron bien
el hoyo de la bala de John, ¿cierto?-
con sus cristales y sus pisos vacíos
y todas tus obras de arte
tan lejanas del mundo.
O en todas las cosas que has hecho
sin pensar en el guijarro que fuiste.
No te imagino regalando tus regalías,
subastando tus piezas
-dientes, esculturas, pinturas,
joyas, pieles-
en Sotheby's
para salvar a tus hermanos nipones
del destino que les espera.
No te creo guijarro pequeño
reconstruyendo el país que dejaste de niña
sólo por amor al prójimo.
Yoko, no te sientas culpable
-ya sé que no te sientes culpable-.
No eres tú la que está mal en todo esto.
Es tan difícil decir y hacer
que hasta dios mismo
tan pronto creó la Tierra
se quedó mudo.
Un guijarro pequeño, una sonrisa...
A mí también me gusta pensar
en el efecto mariposa
como creador de lugares maravillosos.
Pero, sabes, estoy presenciando la caída
de uno de los paradigmas más sólidos
del XX y XXI:
pensé que primero me iría yo
antes que Japón completo...
Como un guijarro lanzado
cual muerto sin alternativa,
cambiando el universo entero.
Así somos las personas comunes, Yoko.
lunes, 11 de abril de 2011
La fuerza de la ilusión no se va
La fuerza de la ilusión no se va.
A una huella de silencio, una foto del vacío,
les sobrevive la voz amante.
Un estallido de flor detona, voluntad de yin,
los mil colores de una diosa:
Las mariposas, el cielo, los zafiros y las frutas,
las aguas y el perfume.
El Todo permanece.
Pese al tremor de una garganta seca,
la fuerza de la ilusión no se va.
Pasará el temblor, expulsará un lamento.
Podrá entregarse al más ríspido de los cantos
de las mortuorias rocas
Pero la tierra permanecerá.
Beberá el agua de una mujer que aún ama.
Hará que un híbrido en su boca
de ave y flor nazca.
Los edificios de cristal se estremecerán
al ver los vestidos de primavera terca pasar.
La fuerza de la ilusión no se va.
Honor a todo lo que la erige, alta, suprema,
magnífica mujer hecha de trozos de mujeres plenas
el ojo de una poeta
la mano de la cocinera
la boca de la soprano obrera
los senos de la madre nueva
las piernas de la ilusionista reencarnada en ultramar.
La fuerza de la ilusión nos Eva.
La fuerza de la ilusión no se va.
La fuerza de la ilusión no se va.
La fuerza de la ilusión no se va.
A una huella de silencio, una foto del vacío,
les sobrevive la voz amante.
Un estallido de flor detona, voluntad de yin,
los mil colores de una diosa:
Las mariposas, el cielo, los zafiros y las frutas,
las aguas y el perfume.
El Todo permanece.
Pese al tremor de una garganta seca,
la fuerza de la ilusión no se va.
Pasará el temblor, expulsará un lamento.
Podrá entregarse al más ríspido de los cantos
de las mortuorias rocas
Pero la tierra permanecerá.
Beberá el agua de una mujer que aún ama.
Hará que un híbrido en su boca
de ave y flor nazca.
Los edificios de cristal se estremecerán
al ver los vestidos de primavera terca pasar.
La fuerza de la ilusión no se va.
Honor a todo lo que la erige, alta, suprema,
magnífica mujer hecha de trozos de mujeres plenas
el ojo de una poeta
la mano de la cocinera
la boca de la soprano obrera
los senos de la madre nueva
las piernas de la ilusionista reencarnada en ultramar.
La fuerza de la ilusión nos Eva.
La fuerza de la ilusión no se va.
La fuerza de la ilusión no se va.
La fuerza de la ilusión no se va.
domingo, 10 de abril de 2011
La brevedad de la metáfora
A veces la brevedad de la metáfora me enciende una rabia y un hambre voraz, capaz de tragarse todas las palabras del mundo,
Que me lo trago,
quedando ahíta,
inmunda poeta
que nadando entre ellas
pretende hallar palabras buenas.
Hay instantes que me abruman. Fragmentos de mí que deseo borrar, trozarme la lengua en veinte y limpiar el registro de mi voz con ellas.
No puedo.
Me hundo más y más
en la arena de los verbos
que callo, reinterpreto, mastico.
Y me saben a vacío,
a un imponderable hueco
llenable únicamente
con una palabra pura.
En la insondable pureza del cristal fonético, me pierdo y me echo a dormir.
Que me lo trago,
quedando ahíta,
inmunda poeta
que nadando entre ellas
pretende hallar palabras buenas.
Hay instantes que me abruman. Fragmentos de mí que deseo borrar, trozarme la lengua en veinte y limpiar el registro de mi voz con ellas.
No puedo.
Me hundo más y más
en la arena de los verbos
que callo, reinterpreto, mastico.
Y me saben a vacío,
a un imponderable hueco
llenable únicamente
con una palabra pura.
En la insondable pureza del cristal fonético, me pierdo y me echo a dormir.
Silueta
Mi silueta está proyectada
en el vidrio de la lavandería.
Igual si no estoy yo se mira,
como hace mucho tiempo no me veo
por aquí.
¿Es que acaso estoy tan vacía
que no puedo contenerme más
y soy silencio inaudible,
un nombre que, por encerrar el error del mundo,
unos le quieren huir
y sólo consiguen hacerme daño?
El jabón se asoma y me habla a mí.
Dice que soy susceptible
de ser lavada por todas las burbujas del universo.
Le creo,
pero no estoy segura de ser la primera
en dejar su piedra en el umbral.
Antes bien, sería un grito del mundano olvido.
Nadie me auxilió en la soledad.
Sigo esperando una verdad infalible
que plante gardenias en mi cuerpo.
Amor,
decía yo cuando era veinte y preciosa.
Amor,
lo sigo diciendo casi a los treinta,
lleno de arrugas mi corazón.
Mi silueta se proyecta sola
en el vidrio de la lavandería,
nadie me espera, nadie me espía,
nadie entiende lo que es dolerse la humanidad,
amarla sin un por qué.
Suelto mi retahíla,
me quedo vacía de palabras.
Salgo al jardín.
Es mi tambor rojo
lo que sobrevive aún después
de la desilusión más grande de mi mundo.
Acaba de pasar ante mis ojos:
la ceguera suspendió su batalla.
El dolor, la infamia,
corroen mi garganta.
La esperanza se nutre de un llanto seco,
arena atragantada, escupida, esparcida,
como polvo de estrellas nuevas
en mis pies cansados.
Mi silueta habla por su cuenta,
escribe sin tinta una carta.
Yo me detengo a reflexionar
en los eventos donde estuve,
donde no hubo dolor, amor, pasión, tristeza
o ansiedad.
Esto, quizá, debería ser vivir:
vaciarse hasta vivir;
abandonarse en el todo de una palabra pura
para poder vivir;
dejar el cuchillo y la herida recurrentes
para poder vivir;
darle un espacio a la palabra de un sabio corazón
para poder vivir.
en el vidrio de la lavandería.
Igual si no estoy yo se mira,
como hace mucho tiempo no me veo
por aquí.
¿Es que acaso estoy tan vacía
que no puedo contenerme más
y soy silencio inaudible,
un nombre que, por encerrar el error del mundo,
unos le quieren huir
y sólo consiguen hacerme daño?
El jabón se asoma y me habla a mí.
Dice que soy susceptible
de ser lavada por todas las burbujas del universo.
Le creo,
pero no estoy segura de ser la primera
en dejar su piedra en el umbral.
Antes bien, sería un grito del mundano olvido.
Nadie me auxilió en la soledad.
Sigo esperando una verdad infalible
que plante gardenias en mi cuerpo.
Amor,
decía yo cuando era veinte y preciosa.
Amor,
lo sigo diciendo casi a los treinta,
lleno de arrugas mi corazón.
Mi silueta se proyecta sola
en el vidrio de la lavandería,
nadie me espera, nadie me espía,
nadie entiende lo que es dolerse la humanidad,
amarla sin un por qué.
Suelto mi retahíla,
me quedo vacía de palabras.
Salgo al jardín.
Es mi tambor rojo
lo que sobrevive aún después
de la desilusión más grande de mi mundo.
Acaba de pasar ante mis ojos:
la ceguera suspendió su batalla.
El dolor, la infamia,
corroen mi garganta.
La esperanza se nutre de un llanto seco,
arena atragantada, escupida, esparcida,
como polvo de estrellas nuevas
en mis pies cansados.
Mi silueta habla por su cuenta,
escribe sin tinta una carta.
Yo me detengo a reflexionar
en los eventos donde estuve,
donde no hubo dolor, amor, pasión, tristeza
o ansiedad.
Esto, quizá, debería ser vivir:
vaciarse hasta vivir;
abandonarse en el todo de una palabra pura
para poder vivir;
dejar el cuchillo y la herida recurrentes
para poder vivir;
darle un espacio a la palabra de un sabio corazón
para poder vivir.
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