domingo, 27 de marzo de 2011

La sustitución floral del asfalto

Primavera que renaces
en un trozo de la tierra
extiende tu abrazo, florida fiera
subyugando a la amargura en tus fauces.

Recorre, voraz, los cantos tenaces
de las víctimas de la grava erigida a pesar de sus piernas
que día a día su cabeza hunden en la arena
de un falso sol de rayos procaces.

Implanta la urgencia de tus etéreas ropas
junto a los atávicos deseos de una clara magnificencia
que venga y rompa el horror bebido de las copas

de vivir este siglo en franca decadencia
donde unos laxos dicen amor y otros se guarecen en las metopas
nostálgicos de otro tipo de turgencia.

Latir monocorde

Decimonónico arbitrio del corazón,
en la tarde te vi luchando contra ti mismo
y me diste pena.

La tarde es así, un durazno a medio ámbar;
la edad es una bicicleta olvidada por ahí
y esta consciencia de no ser lo que se debe
es un vestido ceñido a la piel, transparente.

Pero tú no dejas de latir.

Decimonónico latir monocorde,
algún día me sentaré a explicarte
por qué es mejor ocultarse y crear
que esperar una llama paralela, siempre viva,
única.

No será en esta ocasión.
Estoy cansada.

De cansarte a ti con mis indolencias;
de mortificarme por tus exabruptos.
La lluvia y la miel, las flores y sus estambres
no son para una cara a cuatro ojos.
Son mis manos las que así lo entienden
y así lo escriben.

Flamígero girón del corazón,
suéltame esta noche.

Yo te juro que a cambio cantaré
todo el conocimiento silenciado del mundo.
El mismo que de chiquita sentí
y me ha dado la única piel
más leal de todas las que he vivido.

Altaír Sonora (v.2)

Nirvanas fabrica Altaír Sonora
en la tierna, oscura noche de Bengala,
cuyo silencio galáctico regala
para apaciguar a los insomnes de estas horas.

Oigan cómo se envuelven
las lágrimas de los vencidos.

Miren cómo resurgen
los soles de los perdidos.

Sientan cómo caen
los cuerpos de los enamorados abatidos:

Ya está por amanecer.

sábado, 26 de marzo de 2011

Altaír Sonora (v.1)

Altaír Sonora y tus puntas titilando
en el fulgor de tu llanto sereno.
Altaír Sonora, tus sábanas mojando
con el sudor de un infinito, galáctico verso.
Altaír Sonora, sueño incandescente
de una mujer que yace en el cósmico anverso
de todo lo que pueda llamarse mundo.
Altaír Sonora, nombre de perfume encajonado
de ámbar insistente.
Altaír Sonora, banda con mariachi integrado,
música celestial del vulgo en los labios.
Altaír Sonora, estrella y flor
con canto de maguey en las manos:

Tú no eres de esta Tierra,
tú no has venido a darnos la paz por el llanto.
Tú resplandeces igual que una luna llena.
Tú haces que olvide mi nombre en tu manto.
Engañas a todos, me engañas a mí;
te engañas, divina, con un olor de fruta en los labios.

Y dejaras de ser mujer, estrella
también te ennegreces
cuando regalas tus ojos al pasado.

Deja que otros mueran por ti.
Tus recuerdos, lo que más te brille.
Dale un sentido a la soledad de tu luz
brillando en medio de la nada azul,
en lo que regresa una oración más divina
y más fuerte
por tus besos de seda luminosa.

jueves, 24 de marzo de 2011

Casa de Luz (v)

Casa de Luz llama a mi puerta.
Me pide posada
para guarecer su luminosidad
de la jauría en revuelta.

Casa de Luz, llamas a mi puerta.
No tengo abrigo, dejaremos la mente abierta
o el alma antes de la muerte
o la muerte al centro de nuestra mesa.

Casa de Luz no quieres andar más
el camino del iniciado que va y viene.
Yo no tengo lecho, sólo libros.
En sus páginas, si te place, duerme.

Casa de Luz duerme conmigo:
ahuyento sus malos sueños,
con sus luces mi insomnio medico
para atestiguar cuando su sol despierte.

Casa de Luz sus ventanales
en mis pobres ventanas despliega
y no me habla de mi futuro
ni me cuestiona lo que pienso de la suerte.

Extravío

Caudal de oro que me arrebata el tiempo,
vorágine de firmamento en mi pecho,
hombre de mercurio, en mí extendido pensamiento:

En el extravío de mi propia primavera
yo te invento, te borro, te invoco y te recreo
como un dios discreto
que baila y recita para mí
todos los rayos versificados del sol en el universal espejo.

Y en tu voz me perderé
si tu voz no repara en mi deseo.
Tener tus plantas en el mismo suelo
donde yace y mira bullir la sangre, llamándote muy lejos.

lunes, 21 de marzo de 2011

Marmóreo canto:

Yo podría permanecer
en el vórtice de tus ojos azules,
pléyade bendita de palabras extraviadas.

Y ver y comprender
y admirarme (otra vez)
del origen de los ritmos
del canto primigenio entre los hombres
y los pétalos endecasílabos
con que se enamoran las mujeres.

Si tan sólo estuvieras cerca.
Si yo supiera que es para mí,
mar sin sal
laberinto marmóreo pero turgente,
el remolino con el que caminas la Tierra

...aunque fuera unos segundos.

Nureyév

Nureyév salta por la ventana:
abre sus ebúrneas alas de pluma de ganso
e intenta volar.

Nureyév cae de bruces
en el manto floreciente.
Escupe el pasto
se levanta y oculta en sus muslos la debilidad.

Esto no debería ser así.
Mi naturaleza es sempiternamente triste.
Soy un bocado de asfixiante blancura,
mi destino es dispersar la melancolía
en el viento.

Tomas un espejo
y arrancas del llanto la memoria.
Entras otra vez a casa.
Llena de luz, una luz de nieve blanca.
Limpia de ti como quisieron tus parientes.
Libre de tu nombre
aunque vivas en ella.

Nureyév toma aliento. Sube las escaleras
que dan al primer piso.
¡Hermoso marco de madera!
Si incendiarte a golpes con mis labios pudiera
no pisaría tu cuerpo con mis pies.

Abres la segunda ventana.
Te dispones a volar otra vez.

Y cuando del manto florido
libre te creías,
su piel envolvió tu fracaso.

Nureyév dispara en sentido inverso
todas las melodías de su abuelo.
La canción con la que su padre sedujo a su madre;
el arrullo del mar congelado
que mató a su hermano pequeño.
Todas le estallan
todas le arrugan por dentro.

Nureyév escucha un himno floral casa adentro.
Regresa y vomita al ver los nardos de una peli en la tele.
Abre la gaveta. Todo se ha esfumado.

El invierno se ha ido.
El gran bloque de hielo se ha descongelado.
Nureyév trae un leotardo sucio y blanco,
su rubio pelo atestigua
su despegue de aquel mundo, desangelado.

Nureyév piensa que no recordaba nada cuando era niño:
él era una rueca pequeña tejiendo minutos postreros.
Filas y filas de ideologías.
¿Adónde se fueron?
¿Por qué vendieron sus cuerpos
a la primaveral colorimetría?

Seca sus lágrimas con sus dedos tan blancos
como la cara pétrea de papá
al dejar el corazón en el vidrio.

Sube con sus mallas raídas
la inhabitada ala de la casa
que al ático conducía.

Todo es como un caleidoscopio colorido,
¿o es que tu mirada te engaña?
Salta, Nureyév, salta.
No hay nada más cansado
que arrastrar el invierno de todo el mundo.

Salta, Nureyév, salta:
la gente se olvidó de ti
y te cambió por frases con el arcoiris integrado.

Nureyév salta otra vez.
El manto de flores absorbió su rabia roja.
Todos los pájaros
volaron hacia donde dicen que está Japón.

Nureyév, alguien más cierra tu boca de nieve
por ti.

domingo, 20 de marzo de 2011

Mellow

Let the blind put some colour
in the Life
and our own March
will flow into a mellow,
inmortal word,
forever.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Ondas lejanas

Las ondas, desde muy lejos, vendrán.
Llegarán como las musas de siempre
a acariciarnos con sus gasas
los girones de la vida rutinaria.

Con su iridiscencia noctámbula dirán
una oración para habitar la noche;
y a los guerreros enardecerán,
deseosos de combatir la muerte,
con el augurio de la muerte misma en el pecho.

Podríamos partir, sí.
Es una cuestión de adelantarnos
al Padre Tiempo,
y sacar a bailar
a las doncellas de un espumoso mar
que ahoga la línea índigo del horizonte.

Mientras, otra vida se nos promete.

domingo, 13 de marzo de 2011

Instantáneas

I

El niño eternizado
guiado hacia la gran ola
por el perfume de su madre.

II

Inmóvil, altivo,
el manto transparente
reflejando un cielo ansioso:
demasiados son en tan inesperado viaje.

III.

El viento trajo consigo
el cerezo de tus labios;
la ola, se lleva conmigo
tu abrazo sin fin.

IV

La luz nuclear levanta una lengua neptuniana
engendrando el pánico.
Nos volvimos dioses
para extinguirnos los unos a los otros.