lunes, 21 de marzo de 2011
Nureyév
abre sus ebúrneas alas de pluma de ganso
e intenta volar.
Nureyév cae de bruces
en el manto floreciente.
Escupe el pasto
se levanta y oculta en sus muslos la debilidad.
Esto no debería ser así.
Mi naturaleza es sempiternamente triste.
Soy un bocado de asfixiante blancura,
mi destino es dispersar la melancolía
en el viento.
Tomas un espejo
y arrancas del llanto la memoria.
Entras otra vez a casa.
Llena de luz, una luz de nieve blanca.
Limpia de ti como quisieron tus parientes.
Libre de tu nombre
aunque vivas en ella.
Nureyév toma aliento. Sube las escaleras
que dan al primer piso.
¡Hermoso marco de madera!
Si incendiarte a golpes con mis labios pudiera
no pisaría tu cuerpo con mis pies.
Abres la segunda ventana.
Te dispones a volar otra vez.
Y cuando del manto florido
libre te creías,
su piel envolvió tu fracaso.
Nureyév dispara en sentido inverso
todas las melodías de su abuelo.
La canción con la que su padre sedujo a su madre;
el arrullo del mar congelado
que mató a su hermano pequeño.
Todas le estallan
todas le arrugan por dentro.
Nureyév escucha un himno floral casa adentro.
Regresa y vomita al ver los nardos de una peli en la tele.
Abre la gaveta. Todo se ha esfumado.
El invierno se ha ido.
El gran bloque de hielo se ha descongelado.
Nureyév trae un leotardo sucio y blanco,
su rubio pelo atestigua
su despegue de aquel mundo, desangelado.
Nureyév piensa que no recordaba nada cuando era niño:
él era una rueca pequeña tejiendo minutos postreros.
Filas y filas de ideologías.
¿Adónde se fueron?
¿Por qué vendieron sus cuerpos
a la primaveral colorimetría?
Seca sus lágrimas con sus dedos tan blancos
como la cara pétrea de papá
al dejar el corazón en el vidrio.
Sube con sus mallas raídas
la inhabitada ala de la casa
que al ático conducía.
Todo es como un caleidoscopio colorido,
¿o es que tu mirada te engaña?
Salta, Nureyév, salta.
No hay nada más cansado
que arrastrar el invierno de todo el mundo.
Salta, Nureyév, salta:
la gente se olvidó de ti
y te cambió por frases con el arcoiris integrado.
Nureyév salta otra vez.
El manto de flores absorbió su rabia roja.
Todos los pájaros
volaron hacia donde dicen que está Japón.
Nureyév, alguien más cierra tu boca de nieve
por ti.
domingo, 20 de marzo de 2011
Mellow
in the Life
and our own March
will flow into a mellow,
inmortal word,
forever.
miércoles, 16 de marzo de 2011
Ondas lejanas
Llegarán como las musas de siempre
a acariciarnos con sus gasas
los girones de la vida rutinaria.
Con su iridiscencia noctámbula dirán
una oración para habitar la noche;
y a los guerreros enardecerán,
deseosos de combatir la muerte,
con el augurio de la muerte misma en el pecho.
Podríamos partir, sí.
Es una cuestión de adelantarnos
al Padre Tiempo,
y sacar a bailar
a las doncellas de un espumoso mar
que ahoga la línea índigo del horizonte.
Mientras, otra vida se nos promete.
domingo, 13 de marzo de 2011
Instantáneas
El niño eternizado
guiado hacia la gran ola
por el perfume de su madre.
II
Inmóvil, altivo,
el manto transparente
reflejando un cielo ansioso:
demasiados son en tan inesperado viaje.
III.
El viento trajo consigo
el cerezo de tus labios;
la ola, se lleva conmigo
tu abrazo sin fin.
IV
La luz nuclear levanta una lengua neptuniana
engendrando el pánico.
Nos volvimos dioses
para extinguirnos los unos a los otros.
viernes, 11 de marzo de 2011
Canto
la sinfonía cinética se ha instalado
en el negro de quien todo lo puede ver
y por eso lo canta.
Canto del blanco al ausente,
canto que atraviesa al oro de la palabra furia.
Canto de las aves de la inocencia
y de un lado a otro del universo.
Canto mortuorio.
Canto de los vencidos.
Canto de una luz divina cuyo nombre no ha dicho.
Canto impenetrable por egos marchitos.
Canto inamovible,
canto de laúdes a reyes recién nacidos.
Canto que no se anula en el tiempo.
Canto que le huye a la humillación y el desencanto florecido.
Canto a la vida en medio del escombro,
himno a la naturaleza muerta que deja lo ingrato
en el alma pura.
Canto a contracorriente
para enmendar la sumisión de las sonrisas precedentes.
Canto a prueba de muros
y letras suspendidas.
Canto a prueba de disfonías pasajeras
y de pausas desiertas.
Y si el silencio arriba
es porque trae la nota precisa.
Y si el silencio arremete
y se incrusta en tu sala
y hasta en la cuchara con la que comes
estos bocados de fe de hace meses,
es porque descifra en tu canto, ¡oh, diosa de las esferas!
la perpetuidad de tu reino
por sobre todas las musas efímeras de este mundo.
lunes, 7 de marzo de 2011
Casa de Luz (iv)
Casa de luz,
espejo cóncavo brillante nombrado cielo,
resuelta está la noche
y revuelto el sueño mío.
Quiero dejar de soñar
aquella casa sitiada
al otro lado del firmamento.
Traigo de la inocencia extravío
y la memoria hace estragos conmigo en este momento.
Duermo, duermo, duermo.
El ahora bajo tu techo
borra el cómo y los nuncas.
Duermo, duermo, duermo.
El insomnio ya es un vagabundo
en otra parte de este inmenso lugar
que es un jardín de estrellas perdidas para ti.
Duermo, duermo, duermo,
tú cantas y yo puedo dejar
que rebroten las flores de los juegos que de niña perdí.
Casa de luz,
madre añorada,
dime que no te vas
en esta madrugada…
Casa de Luz (iii)
Y si no te sirve nada
entonces por qué existo.
Y si me he quedado con nada
entonces cómo es que respiro.
Y si te ofrendara mi nada
en su transparencia te pudiera ver.
Y si no soy nada,
a la nada me niego a retroceder.
Casa de luz,
ahógame este abismo.
Casa de luz,
convídame tu fuego,
que duermo en el humano frío.
Casa de luz,
llámame y me volveré de nuevo un buen sonido.
Casa de luz,
ilumíname en medio del anochecer.
Casa de Luz (ii)
Ayer, transitando por el plomo de la tarde,
busqué la manera de escuchar
tu canción de plata sobre mi espalda.
Abrí la habitación del pensamiento,
en una idea repetida me senté.
Necesitaba reconstruir
el instrumento cósmico capaz de reproducirla
-al fin entendí.
...No hay más material divino
en la faz de la casa de la humanidad.
Me fui al rincón de los rituales.
Encontré a ojos aoristos
en la ubicua costumbre de ofrendarse.
Y te di, ajena de mí, el silencio de lo que me aturde.
Lo creía muy pesado y grande.
Al entrar a tu oído se volvió terrestre, pequeño e imperceptible
junto a las sinfonías mudas que danzan
las palabras creadas por ti,
todas de dimensiones justas y perfectas.
Casa de luz,
cántico lugar de voces argénteas,
quise darte otra cosa.
Me despojé de mis cantos,
tan inmensos como la soledad
de un día sin vecinos buenos.
Todos ellos fueron tuyos a mi instante.
Yo los pegué en tu piel de marfil etéreo;
con lágrimas y risas fijé sus notas
de un arte menor.
Pero al sentir tus muros con mis dedos,
supe que aquéllos en ti ya existían:
se crearon desde la nada que dio origen a la palabra antes
en tiempos de un mar remoto, ígneo y nuclear.
En la luminosidad de tu piel comprendí
que no puedo dar lo que heredé de nacencia.
Desprovista del silencio y el canto,
recurrí a todas las cosas que he visto y probado.
Te devolví todo cuanto sabía:
los limitados números,
las dimensiones achatadas de mis espacios,
los colores de cajita de mi universo pequeño,
las historias de mis otros nombres,
y las leyes falibles de corazones y mentes torpes.
Y me enteré en el momento que conocía tan poco
que no sabía que no lo precisabas más de regreso,
Casa de luz,
tú muerdes al azul desamparando al cielo.
Tomé mi nombre y mi ego.
Verdaderamente ya no me servían
si no podía sentir tu caricia en mi cara.
Pero al llegar a las puertas de tu puerta
sus signos cayeron
como el sonido de un tren frenando en óxido.
Me quedé desnuda de regalos.
Entonces, decidí darte mi amor
o aquello que yo sentía cuando vivía
y era tan grande que me hacía grande
y me hacía sentir y creer
que yo podía ser la mujer más fuerte del mundo,
la valiosa, la centelleante,
la elegida por tu mesa para comer de tus manjares.
Te doy mi amor en medio de tu abandono.
Y es tan grande mi amor como la confusión de sus letras
que verdaderamente tampoco te sirve.
domingo, 6 de marzo de 2011
Casa de Luz (i)
Casa de luz,
vórtice donde rompe el viento,
en mi recuerdo apareces
como un relámpago que el estallido callaba.
Instalada estás en la distancia.
Trazas tu línea y se la das al aire que enfurece
en este lado del mundo.
Cuando estabas aquí,
solías revestirte de cristal en las noches tibias.
No había sol que derritiera tus entrañas.
A canción de cuna
tu muro y tu carne nos sabían.
Entonces mi yo multiplicado en todas las bocas del mundo
decía la palabra "puedo"
y el universo sus estrellas esparcía.
Un sueño como de otra existencia
nos venía en calidad de paz
en el tálamo de leche tibia de Vía Láctea.
Casa de luz,
canto en un raudal argénteo,
envueltos estábamos en tu matriz de fuego azul.
La lluvia entonces no dolía
y la fe tenía sabor de fruta dulce.
Hoy sólo queda el temblor acuoso y faríngeo:
El mapa del éxodo en tus puertas dibujaste
y al éxodo nos fuimos tus moradores.
Casa de luz,
qué habrá sido del calor de tu cuerpo.
A quién habrás abrigado estando tan sola,
cristalina,
mientras raspamos nuestros pies
en el magma burlador del centro de la tierra.
Casa de luz,
babel electrónica despojada de huellas dactilares,
nunca pude oír tu canto de metal en otro hogar.
¿Qué será de nosotros?
Vuelve tus ojos a nuestra desnudez,
abre tu boca amarilla
y envuélvenos en tu verbo.
Casa de luz,
jauría de ventanas ladrando viento.
Casa de luz,
tropo indescifrable y universal.
Casa de luz,
écfrasis divino de todas las cosas muertas.
Casa de luz,
casa de luz,
casa de luz.
