viernes, 11 de marzo de 2011

Canto

Canto a la vida en medio del escombro:
la sinfonía cinética se ha instalado
en el negro de quien todo lo puede ver
y por eso lo canta.

Canto del blanco al ausente,
canto que atraviesa al oro de la palabra furia.
Canto de las aves de la inocencia
y de un lado a otro del universo.

Canto mortuorio.
Canto de los vencidos.
Canto de una luz divina cuyo nombre no ha dicho.
Canto impenetrable por egos marchitos.

Canto inamovible,
canto de laúdes a reyes recién nacidos.
Canto que no se anula en el tiempo.
Canto que le huye a la humillación y el desencanto florecido.

Canto a la vida en medio del escombro,
himno a la naturaleza muerta que deja lo ingrato
en el alma pura.
Canto a contracorriente
para enmendar la sumisión de las sonrisas precedentes.
Canto a prueba de muros
y letras suspendidas.

Canto a prueba de disfonías pasajeras
y de pausas desiertas.

Y si el silencio arriba
es porque trae la nota precisa.

Y si el silencio arremete
y se incrusta en tu sala
y hasta en la cuchara con la que comes
estos bocados de fe de hace meses,

es porque descifra en tu canto, ¡oh, diosa de las esferas!
la perpetuidad de tu reino
por sobre todas las musas efímeras de este mundo.

lunes, 7 de marzo de 2011

Casa de Luz (iv)

Casa de luz,
espejo cóncavo brillante nombrado cielo,
resuelta está la noche
y revuelto el sueño mío.

Quiero dejar de soñar
aquella casa sitiada
al otro lado del firmamento.

Traigo de la inocencia extravío
y la memoria hace estragos conmigo en este momento.

Duermo, duermo, duermo.
El ahora bajo tu techo
borra el cómo y los nuncas.

Duermo, duermo, duermo.
El insomnio ya es un vagabundo
en otra parte de este inmenso lugar
que es un jardín de estrellas perdidas para ti.

Duermo, duermo, duermo,
tú cantas y yo puedo dejar
que rebroten las flores de los juegos que de niña perdí.

Casa de luz,
madre añorada,
dime que no te vas
en esta madrugada…

Casa de Luz (iii)

Y si no te sirve nada
entonces por qué existo.

Y si me he quedado con nada
entonces cómo es que respiro.

Y si te ofrendara mi nada
en su transparencia te pudiera ver.

Y si no soy nada,
a la nada me niego a retroceder.

Casa de luz,
ahógame este abismo.

Casa de luz,
convídame tu fuego,
que duermo en el humano frío.

Casa de luz,
llámame y me volveré de nuevo un buen sonido.

Casa de luz,
ilumíname en medio del anochecer.

Casa de Luz (ii)

Ayer, transitando por el plomo de la tarde,
busqué la manera de escuchar
tu canción de plata sobre mi espalda.

Abrí la habitación del pensamiento,
en una idea repetida me senté.

Necesitaba reconstruir
el instrumento cósmico capaz de reproducirla

-al fin entendí.

...No hay más material divino
en la faz de la casa de la humanidad.

Me fui al rincón de los rituales.
Encontré a ojos aoristos
en la ubicua costumbre de ofrendarse.

Y te di, ajena de mí, el silencio de lo que me aturde.
Lo creía muy pesado y grande.
Al entrar a tu oído se volvió terrestre, pequeño e imperceptible
junto a las sinfonías mudas que danzan
las palabras creadas por ti,
todas de dimensiones justas y perfectas.

Casa de luz,
cántico lugar de voces argénteas,
quise darte otra cosa.

Me despojé de mis cantos,
tan inmensos como la soledad
de un día sin vecinos buenos.
Todos ellos fueron tuyos a mi instante.
Yo los pegué en tu piel de marfil etéreo;
con lágrimas y risas fijé sus notas
de un arte menor.

Pero al sentir tus muros con mis dedos,
supe que aquéllos en ti ya existían:
se crearon desde la nada que dio origen a la palabra antes
en tiempos de un mar remoto, ígneo y nuclear.

En la luminosidad de tu piel comprendí
que no puedo dar lo que heredé de nacencia.

Desprovista del silencio y el canto,
recurrí a todas las cosas que he visto y probado.
Te devolví todo cuanto sabía:
los limitados números,
las dimensiones achatadas de mis espacios,
los colores de cajita de mi universo pequeño,
las historias de mis otros nombres,
y las leyes falibles de corazones y mentes torpes.

Y me enteré en el momento que conocía tan poco
que no sabía que no lo precisabas más de regreso,
Casa de luz,
tú muerdes al azul desamparando al cielo.

Tomé mi nombre y mi ego.
Verdaderamente ya no me servían
si no podía sentir tu caricia en mi cara.

Pero al llegar a las puertas de tu puerta
sus signos cayeron
como el sonido de un tren frenando en óxido.

Me quedé desnuda de regalos.

Entonces, decidí darte mi amor
o aquello que yo sentía cuando vivía
y era tan grande que me hacía grande
y me hacía sentir y creer
que yo podía ser la mujer más fuerte del mundo,
la valiosa, la centelleante,
la elegida por tu mesa para comer de tus manjares.

Te doy mi amor en medio de tu abandono.

Y es tan grande mi amor como la confusión de sus letras
que verdaderamente tampoco te sirve.

domingo, 6 de marzo de 2011

Casa de Luz (i)

Casa de luz,
vórtice donde rompe el viento,
en mi recuerdo apareces
como un relámpago que el estallido callaba.

Instalada estás en la distancia.
Trazas tu línea y se la das al aire que enfurece
en este lado del mundo.

Cuando estabas aquí,
solías revestirte de cristal en las noches tibias.
No había sol que derritiera tus entrañas.
A canción de cuna
tu muro y tu carne nos sabían.

Entonces mi yo multiplicado en todas las bocas del mundo
decía la palabra "puedo"
y el universo sus estrellas esparcía.

Un sueño como de otra existencia
nos venía en calidad de paz
en el tálamo de leche tibia de Vía Láctea.

Casa de luz,
canto en un raudal argénteo,
envueltos estábamos en tu matriz de fuego azul.

La lluvia entonces no dolía
y la fe tenía sabor de fruta dulce.


Hoy sólo queda el temblor acuoso y faríngeo:

El mapa del éxodo en tus puertas dibujaste
y al éxodo nos fuimos tus moradores.

Casa de luz,
qué habrá sido del calor de tu cuerpo.
A quién habrás abrigado estando tan sola,
cristalina,
mientras raspamos nuestros pies
en el magma burlador del centro de la tierra.

Casa de luz,
babel electrónica despojada de huellas dactilares,
nunca pude oír tu canto de metal en otro hogar.

¿Qué será de nosotros?

Vuelve tus ojos a nuestra desnudez,
abre tu boca amarilla
y envuélvenos en tu verbo.

Casa de luz,
jauría de ventanas ladrando viento.

Casa de luz,
tropo indescifrable y universal.

Casa de luz,
écfrasis divino de todas las cosas muertas.

Casa de luz,
casa de luz,
casa de luz.

sábado, 5 de marzo de 2011

Vertiginosa Luz

Vertiginosa luz, eclípsame hoy que ya no veo
tus ojos, tan como de llamas de un magma sin fin.
Qué mineral te diría que eres grande
como un regalo sin aristas para saberlo abrir,
o qué espejo rebotaría el canto metálico
de tus acordes de grito amarillo.

Tú arrasaste la concupiscencia de sus nombres
con el suspiro de las flores de tus manos.

Tú vendrás a quemar el reducto de mi ojo inerte
y a tapiar de orgullo tierno su reflejo.

Vertiginosa luz, eclípsame hoy que ya no veo.
No puedo olerte,
sentirte,
tocarte.
Imaginarte.

Eras una y te llamabas de muchos nombres.
Hoy, en el silencio,
por cada letra que recuerdo y en mi intento callo,
una explosión divina se apaga
y me arde en las entrañas.

Vertiginosa luz,
eclípsame a la hora de la transmutación de la materia que fui.
Hazlo pegada a mí.

viernes, 4 de marzo de 2011

Viaje redondo

Querías algo redondo.
He aquí el viaje más universal
en la densificación de la materia:

Mira los pueblos de la piel habitados por los recuerdos
de todas las horas pasadas.
El alimento de la infancia arrullado en la búsqueda.
Las leyes de la intemporalidad de las palabras
triunfando contra la rémora del silencio contenido
en un millón de gestos sin regalar.
La rebeldía de los colores al marchar frente a tu propia casa.
El canto que exhala aquel planeta
por cada passé ejecutado
sobre su propia naturaleza y gas
-naturaleza y masa-
-naturaleza de música compacta-
-naturaleza y hogar divino-
-naturaleza y nada más-.
Las danzas de las frutas imperecederas
guareciendo diminutas diosas en sus entrañas.
El trago a manos llenas de la Vía Láctea a escala y en ocre,

y aquella bóveda flamígera para dejar notas al pie.

Algo redondo.

Como las historias sin premeditación
tan magistralmente circulares,
imperfectas y tibetanas.
Evanescentes, transparentes, en helio la boca derramada.

O como la cerrada noche
que custodia la fe engendrada
y los buenos deseos resguarda
en tanto se repita la odisea de la vida
por cada día que despierta el cuerpo con el alma.

martes, 1 de marzo de 2011

El mar era alado

Fuera del mar, el mar estaba creado.
Los ojos del mundo permanecían indivisibles,
mi memoria era la del ciego del cono sur
y la suya, la de un sabio griego transliterado.

Al lado del mar, el mar era alado.
los oídos del mundo prestaban atención
al galopar furioso de los unicornios sobre el agua,
la noche y el añil eran uno sólo en el mapa doble estrellado.

Dentro del mar, el mar era sagrado.
Los guerreros crecían sus espadas con atómica luz encendida
al ritmo de las danzas de las mujeres florecidas.
Las alfombras ondulantes apenas se disponían
para dormir a sus hijos añorados.

Debajo del mar, el mar era imaginado.
Las entrañas rojas de la tierra
en opuesto tono primario lo invocaban.
Azul debía ser, proclamaron.
Las bocas del hombre así lo recibieron.
Y a sus hijos así lo pasaron.

Encima del mar, el mar nos sigue esperando.
Espera la risa, la humilde victoria
de todos los ojos del mundo en la parte seca de la tierra.
Alegría, decimos nosotros.
Noticias buenas, dicen sus olas.

El mar es alado.