sábado, 5 de septiembre de 2009

Humana

No tengo preguntas para Dios
excepto
si las guerras acabarán pronto
si los pobres dejarán de serlo
si los poetas no viviremos más el encierro
de vivir en el aire y al margen de los demás
-aunque muy dentro de sus pasiones y de sus complejos
de sus efectos dominó
y de sus egoístas fines-
por qué nació tanto tiempo antes que yo
por qué no tengo otras armas
que lo convenzan de iluminar mi páramo.

Aunque francamente
no me es indispensable saber
la respuesta de las tres primeras.
Esas te las contesta Aristóteles, Lyotard
Kelsen o Kant.

Las otras sí:
humana enamorada a destiempo
otra vez, como siempre,
soy.

Todo estará bien

Todo estará bien
mientras haya nubes que parezcan botes
y una moneda
para dar en la mano de alguien
(todo con tal de sentir el tacto
de un ser humano
que tarde o temprano
morirá de hambre).

No es verdad.

Todo estará bien
mientras persista en mi memoria
su figura, su índice, su arrastre.

Todo surgirá mejor
si algún día me toca la suerte
de decirle el número de suite permanente
que tiene en el mío aquí dentro.

Paso número dos

Paso número dos:
No me pregunte por qué lo extraño
así tan nube, así tanto
tanto kilómetro desde su Yo y el mío.

Será que la soledad hace ver
muy adentro de las personas.
Su radiografía daba señales
de ser lo que yo tanto quería
cuando pensé que era posible
quitarle los grilletes al amor.

Mi vista es de rayos X,
no piense que es Usted el que me radiografió a mí.
Aunque esté más que miope,
ciega de toda realidad posible.

Placer del vórtice

Qué placer
sentarse en un vórtice
de lluvia, fango y viento
sentirse el vórtice mismo
no hablar jamás de otro intento.

Hay que nacer
y se nace aquí o nunca.

Honraré el vacío que he legado
mirando desde el balcón inocente
que supone me acompaña a ver las estrellas.

Pero yo lo quiero cohete y no balcón
no lo quiero red, lo quiero pase a la nada
ahora.

Qué bonito frota este insuflo divino
mi par de piernas hinchadas
todo lo celeste, todo lo azul
está tan cerca
que creo mirarlo con un telescopio.

Una mente en blanco, violeta o guinda
da lo mismo en tanto sea vórtice lo que muere
para renacer una noche cualquiera
en que todo parece igual
pero ya no es así
ya no más.

Nadie espera nada
tampoco a mí.

No hay olas

No hay olas
pero sé que están aquí
porque me golpean
con esta luna que parece llega
para esto acrecentar.

No hay nada salvable
en mi
no soy defensora
no soy creadora de mundos paralelos
no canto anhelos, elegías, discordias o filosofías
no soy Eva de ningún Adán.

Soy la corneta que llora cantos fúnebres
todo emerge de una concepción no natural
y esta noche
me ha dado por creerme
que soy demasiado imposible
para funcionar aquí.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Entre más verdades

Dicen que entre más verdades diga uno
más se va quedando sola la voz
que lanza tales verdades.

Tal vez por eso miro a mi alrededor
y la gente anda feliz como en carrusel.
Así resulta que todo objeto girador
es llamado vida del hombre promedio
y no estoy invitada a subirme en él:

Llega Abandono a mi puerta
y yo le digo que entre:
sé que saben que puedo tolerarlo
aunque de pronto llore
no sé si de tristeza, frustración o soledad.

Intuyo que algo similar
le pasa a Usted.
Salgamos a pasear por el hueco que deja
la ignominia neoliberal.

Hagamos el amor
recuperando en la palabra
la capacidad de transgredir todo pasado
todo presente
y desechando al temido futuro.

Luego le juraré que el día sí renace
-es el mismo, wash and wear-
y se llena de las sílabas en trinidad
formando
-como si de siempre nos conociera a ambos-
su nombre.

Campo semántico

Intento concentrarme
en su paso de éxodo
por mi vida.

Los minuteros me dicen que duerman
yo les condiciono mi descanso
si puedo soñarlo a Usted.

Aunque sea de espaldas a mí
como la otra noche.

Y, no sé, Usted me despierta la ternura
que tuve de niña
y dejé encapsulada
para no perder pie ni pisada
en el juego de la jungla asfáltica.

También me despierta otras cosas
pero esas no se las digo
en este poema
porque el campo semántico
es otro,
asociado a la raíz latina
de la palabra semilla.

Reanagnórisis de la anagnórisis

Anagnórisis
es la palabra redescubierta
del día.

Resulta que he descubierto
que comienzo a redescubrirme
ahora que los campos de batalla
se han quedado sin flores
y el suelo fértil espera
a que una lágrima en exilio
quiera una gardenia o un crisantemo,
-da lo mismo
mientras tenga estambres y pistilos
y huela colorido-
en mi tierra cuerpo tatuar sembrar.

Quizá yo no sería la tierra prometida
la arrancada, la dimitida
pero juro que haría mil acrobacias
para convertirme en un hogar de libertad.

Cosa curiosa

Cosa curiosa
esto
de extrañarlo a las tres de la mañana
y a mediodía y por la tarde:
entre más pienso,
más lo respiro a Usted.

Y yo que sólo soy
para sus ojos cambiantes
un holograma cuasi sideral
que intenta cantar la poética de sus días
nomás para decir que hizo algo en la vida.

Cómo me gustaría
que me recitara el Sol de esta noche.

El génesis de mi vida

Yo no sé cuál será el génesis de mi vida
el mito fundacional de mi pueblo
no tengo pueblo.
Tengo heridas que son rayas en las manos
estrías de mujer que no ha parido un amor profano.

No me interesa saber mucho de dónde vengo
sino más bien por qué estoy aquí
con la vesícula a flor de piel
el discurso ensordecedor que no mueve masas
porque la masa no corre
camina, cuando eso quiere.
Se hornea y se forma en muñequitos
no más.

Me interesa saber
a dónde voy
y si hay un dios que sea digno
de ser amado por mí.

He reciclado los últimos dos versos.
Nadie se fija en nada
resulta que me llueve postmodernidad a raudales.
Mis vestidos están mojados
y aún así se mantienen con la línea del planchado intacta.

Volován

Después de la ira de este volcán
no queda mas que disociarse
entre el vaso de leche y la galleta.
Convertirse en volován de cinco pesos
no pensar en nada
a ver si uno le atina
y deja por fin de existir.

Algo me dice
que la existencia depende
de que uno mismo se piense a uno mismo.