domingo, 26 de octubre de 2008

Máscaras

Me quité la cara de siempre porque me quedaba chica. O grande. O ajustada. O quién sabe. El caso es que la cara -que de careta se hizo cara– ya no está más.

Originalmente llegó a mí cuando puse un anuncio a mis doce años: “Niña recién exiliada de espantoso régimen escolar busca careta. Informes donde vea a una púber desamparada que no sabe qué hacer con el zoológico que le regalaron de cumpleaños y navidad”. Tocando la puerta muy altiva, entró en cuanto le abrí la puerta como si de la reina de Grecia se tratara y me dijo con singular mamonería: “Niña, soy lo que buscabas. Conmigo tendrás fuerza masculina, inteligencia, astucia, gracia femenina y un toque de candidez prefabricada”. Los doce son un mal consejero cuando de elegir se trata. Así que la agarré a ella y me la puse sin esperar a otra candidata.

Mi cara y yo nos aguantamos varios años, más de diez quizá. En las noches se ponía algo pesada: yeso que era, me absorbía la sangre para mantenerse fresca. Y con ello, también me chupaba las ganas de moldearla merced de mis sentimientos. Comencé a sentir cierta envidia por aquellos que moldeaban a sus caras recién adquiridas. Unas hasta les ponían diamantina para hacerlas más vistosas, en razón a su evidente fealdad real. Otras eran flexibles, como de plastilina. Pronto aprendí a no juntarme con ninguna de ellas, porque mientras las primeras te lanzaban miradas multicolores con polvitos que se te pegaban hasta en las pestañas para sembrar sus ideas malsanas, sus ganas de ganar a como diera lugar, las segundas moldeaban sus reacciones siempre a favor de sus intereses más íntimos… e incluso, insondables (algunas de estas máscaras tenían equipos de buceo y topográfico integrados para casos complejos). Habían otras que estaban como en crudo: siendo la mayoría de las caretas provenientes de la Grecia antigua, a muchos les daba por pensar que, dejando la máscara casi inalterable, es decir, en su estado natural, bien se podrían adquirir las costumbres y la cosmovisión de los grandes maestros y filósofos griegos. En unos cuantos, el asunto quedaba en un filósofo de poca monta; en otros, en verdaderos trogloditas que actuaban por su propio bien no común.

Lavaba mi careta con agua y jabón corrientes. Asceta que fui de adolescente, en mi juventud adulta conservé ciertas pautas franciscanas. De vez en cuando la pintaba: ora era insurrecta, ora seductora, ora inteligente, ora felizmente ingenua… Empecé a agarrarle el gusto por los disfraces. Llegué incluso a saberlos combinar con la ropa, según la fecha, el lugar y la ocasión.

No niego que tuve una aceptación satisfactoria. Algunas máscaras me miraban de reojo –para lo cual debían mover sus cabezas a tres cuartos de la posición original- y con cierto desprecio: a pesar de la poca atención que le daba a mi máscara –porque darle mi atención era aumentar la afrenta de haberle dado mi sumisión voluntaria-, las máscaras más populares me seguían. Pero en esta vida todo cansa, y un día, aprovechando que la máscara estaba cansada de tantas reuniones con máscaras desconocidas, decidí retirármela usando unas pinzas para cortar sus extremos.

El cuadro fue horrible: la máscara comenzó a lanzar tremendos alaridos, vituperaciones y maldiciones en contra mía. Me abría los labios para adentrar su yeso quebrado entre mis dientes. Sacudió su constitución para llenarme de polvo las pestañas y así aumentar la miopía. Se volvió convexa en dirección a mi nariz. Quería que la respirara. Pero entre más luchaba, yo más la estiraba y la estiraba. Se le formaron unas patitas en la base, las cuales se sujetaron fuertemente a mis cachetes. Cuando las corté, la máscara lloró sangre, la mía: me arrancó trocitos de piel.

Ganada la batalla, le di de martillazos en la lavandería hasta convertirla en un polvo blanco y moldeable con agua que agarré del Ojito de Agua que le da nombre a mi ciudad natal. Hice una estrella. Dicen que las cosas malas, para alejarlas de ti, las tienes que despedir con amor. Fue lo que mejor me salió, a decir verdad. El ridículo que dirigía mis propias burlas hacia mí, me impidió echarle más imaginación. La hice estrella. Una irregular, por la vida que me había dado. Y la lancé al cielo. Y el dios niño que conocí esa noche la recogió y se la llevó muy lejos de aquí.

A la mañana siguiente, decidí darle Mi cara al mundo. Quise anunciarme con bombo y platillo “La Única, la Original, la Auténtica, la Real Cara de…”… ¡Pero qué estupidez!

Así que salí como el padre del dios niño me mandó a este mundo, a ver la reacción del entorno conmigo, y de mi Yo hacia mi entorno.

El resultado osciló entre un ¿Qué te hiciste?, ¿Estás enferma?, ¿Estás a dieta?, ¿Traes novio?, ¿Se te murió alguien?, pasando por un ¿Estás bien?, ¿Te puedo ayudar en algo?, ¿Olvidaste maquillarte?, ¿Hiciste el amor anoche? Discúlpame, ¡No te había reconocido! ¡Es que te estás tan diferente!, y el total desprecio de la gente que seguía con sus máscaras puestas: ejecutivos e intelectuales, amas de casa, choferes y maestros. En todos pude ver que no obstante la sonrisa o el rictus de amargura o de dolor pintados en sus caretas, debajo de ellas se creaba la envidia enmedio de los ojos entornados y la boca triste de muchos de ellos… Casi, casi pude leerles el pensamiento: “¡Carajo! ¿Cómo le hizo la tipa ésta para ser libre de ella? ¿Podré yo…?... sí, careta, ya voy. Deja corto la conversación y nos vamos”.

El aire me pega fuerte sin la careta. Es una suerte saber que existe igualito a cuando tenía doce años.

A tientas

Te busco como a tientas: por la calle, en el camión –cuando me subo-, en el cine, en el espantoso tráfico del Periférico y hasta en el caótico centro de esta pequeña ciudad. Voy recolectando trozos de lo que pudiera ser tu cara: hoy tus ojos en el cruce de Echeverría y Nazario Ortiz, mañana tu boca en la sala 3 de la cámara alternativa en la plaza irreal, a la tarde, tu andar enmedio de las hormigas consumidoras a plazos cortos y fijos; a la noche, tu espacio entreverado por las luces de los carros fatigados.

Te busco como a tientas, sí, para no equivocarme: lanzo anzuelos al azar porque sé que la sopa cuántica te da lo que tu esencia quiere. Me visto de señales, signos multívocos para que tus elementos den conmigo desde siempre. Y formo tu cara: las cejas, los ojos, la nariz, la boca, las orejas, la piel, rastros de juventud –espinillas-, de ansiedad y tristeza –arrugas-. Me preparo una especie de respuesta prefabricada, partiendo de que te busco como a tientas. A tientas, diré un “Hola, cómo has estado”, para que me respondas un “Algo cansado, pero dispuesto a platicar”. Y de ahí, camino con tu cara que me formé de andar como a tientas por todos los rincones que ni te imaginas –porque quizás no existes, porque a lo mejor piensas lo opuesto a lo que yo pensaría-. Camino también como a tientas, ya sabes, la ley de las posibilidades en los mundos creados a partir de Yo son diferentes a las que nos son impuestas por el dios del sector III, nuestro sector: la creación, la bendición, la esperanza. Las dos primeras son en indicativo, la segunda es subjuntivo atribuido por cuentos rosas y realidades enfermas.

Camino contigo como a tientas y tú me imitas. Tal vez haya un “Lancémonos a la etapa de tentar lo que es querer por enésima vez consecutiva”; o a lo mejor nos decimos un “Eres perfecto, eres maravillosa; pero yo prefiero quedarme rotando perennemente en este círculo de la comodidad que tanto me hastía. Las montañas rusas se fueron con él/ella”, a lo que vendría un “Buena suerte, sigue participando en la otra vida”.

Te busco como a tientas desde que me di cuenta que nací para compartir el amor con el que me engendraron. Y yo sé que te he encontrado al menos dos veces en mi vida. Pero a tu cara le dio por mirar por otros lados…

Descripición de Octubre

Vientos que soplan
canciones de esperanza
sabia virtud
engendran de los árboles en sus hojas:
Octubre es hermoso
porque es amarilla luna llena

y porque en él se sublevan
las otrora orugas
que desde el occidente de mi tierra
vienen en forma de monarca-mariposa.

No tengo mucho para decirte hoy
salvo que me alegras el día
con sólo verte:
no sabes las ganas que tengo
de inundarte de flores
para que sepas lo que es
otoño en mi seno:
primavera estática
de mil voces que aprendieron a salir
el día que arribaste a mi vida
en forma de sueño
en forma de sueño
en forma de sueño...

viernes, 24 de octubre de 2008

El Fin del Mundo (Apología de los Falsos Profetas Racistas)

En el umbral
donde presente pasado y futuro
se difuminan
un profeta medieval advierte
que el fin del mundo
se aproxima
como lo advirtieron
los sabios de la península
anclada en el cuerno de la abundancia
como lo vio Napoleón escrito
en las paredes de las pirámides pintadas.

Un hombre negro
acabaría con la descendencia humana
el medioevo se extiende
sobre los juicios del hombre
el racismo se impone
y las profecías amedrentan
a los mediocres de intelingencia humana.

Un rebelde nazareno presidió
por largo tiempo
en contra de su voluntad
y sin poder detenerlo
la hegemonía de un monstruo
que ciñó a pobres y ricos
en su nombre y para de aquéllos perjuicio:

Cuando su Rey se vistiera
con la piel de un gobernante negra
el mundo se destrozaría
y no habría mano que lo detuviera.

El profeta del medioevo
equivocado haber estado podría
no hay Rey más endeble en estos días
como el plenipotenciario rancio
de la vieja energía
que se guarda en el seno del norte
del continente más niño en la historia
de Gaïa y su travesía.

Si es un negro el que llegare
a derrumbar los muros
de esta terrible fantasía
entonces que el Apocalipsis comience
y el fin del mundo
se decida a aparecer en franca embestida.

Que se derrumben los horrores
los miedos, la violencia
que se apaguen los motores
que impulsan a la maldad
y a su omnipotencia
que se destruyan ciudades enteras
que los nombres de todos
sean borrados de la antigua Pangea.

Que el caos se derrumbe
que truene el mundo
con su contaminada atmósfera
que truenen sus perversiones
sus egoísmos y sus aversiones
que truenen las adicciones
al poder envilecedor
a las mentiras
a las sustancias nocivas
a la televisión, el autismo
y las autocompasiones.

Si de verdad existe la Justicia Divina
en el nombre de los justos
de los inocentes y de las reales víctimas
de todo este fango
en el que muchos nadan
para seguir con sus absurdas vidas,

Ruego al Dios que nos ha creado
que misericordia tenga
y que de un soplo amoroso extermine
el dolor que en los hombres almados
frente a las injusticias dentro de ellos
resuena.

Y que el Sexto Sol ilumine
a una raza
que esta vez se comprometa
a amarse de veras.

Quiero

Quiero encender tus manos
arder enmedio de tus labios
ser la fuente que apague el dolor
que imponen los días aciagos
los eventos deslavados
la fe que has perdido en el amor.

Quiero descubrir tu frente
besarte lentamente
hasta aliviar el rencor
que le regalas día a día al pasado
a tus sueños frustrados
a lo que te detiene
a dejar volar tu verdadero yo.

Quiero susurrarte despacito
lo feliz que me siento de tenerte conmigo
la alegría que me provoca el hoy:
antes de tí, pura tristeza
después de tí, un sol violeta
aparece en mi ventana
y me dice que te llamas redención.

Quiero abrazarte eternamente
figurar entre las imágenes placenteras
de tu mente
ser tu desvarío y tu salud.

Quiero tirar lo inservible por la ventana
agarrar un vuelo al infinito contigo
a partir de mañana
y mientras, esta noche
quiero sentirte parte de mis órganos
de mi sangre y mi silencio que palpita
quiero sentirme viva
quiero olvidarme de toda razón.

Quiero quererte siempre
como hasta ahorita:
la lealtad en el amor se gana con acciones
y de tus manos
cosa distinta no he recibido yo.

Quiero que me ilumines con tu alegría
con tu histrionicidad y tu lejanía
quiero que me quemes con tu sinfonía
quiero que le abras la rendija
a este alborotado corazón
que sin hablarlo todo
te dice siempre que te necesita.

Los desterrados hijos de Eva (los enamorados)

Y volveré
a sonreirte como en los viejos
tiempos
nada en mí ha cambiado
todo se ha vuelto eternamente discreto.

Y soñaré
con que tus manos-nubes
acarician el color natural de mi cabello
nada en nuestros códigos han cambiado
todo sigue siendo bello.

Y escribiré
con tu savia agridulce
el malva del lienzo que sólo vemos
los desterrados hijos de Eva
cuando enamorados nos sabemos.

Un ruido

Un ruido
como flujo de río que llena los tinacos
un sol que respiro ajeno
la noción de que todo es extraño

Hay días en los que vivo sólo doce horas
las otras doce
se me quedan en un acantilado
de persianas cerradas para no ver nada
de historias que vivo
y de los libros que he de leer
porque aunque todo esté escrito
yo quiero saber
yo quiero saber
yo quiero saber
si la luna realmente es pura masa sin gravedad
o si es la eterna amiga de los poetas
que como yo, andamos bajo su luz
y a ella le colgamos nuestros triunfos
nuestras ganas y nuestras penas.

Hoy me siento como un viernes fallido
la solución es vestirme de sábado
tan pronto como entienda
por qué los días son días y no azúcar
por qué las horas existen
si yo veo que todo es igual.

jueves, 23 de octubre de 2008

Un nuevo Sol

Si te asfixian la agonía
la paranoia y la apatía
súbete al tren sin ruedas de tu vida
invéntate un sueño de día
camínalo despierto
entrégale tus manos
arrúllalo en tu seno
y no mires al pasado.

Invéntate una vida
corta un trapo de convicciones
ponle un mástil
y enarbólalo en el frente de tu casa
alaba tus ganas por ser libre
olvida si has sido olvidado:
es mejor gozar tu propio mundo a tus anchas
porque el tuyo
repleto estará del nuevo Sol
ese que un músico predijo
porque él lo escuchó de primera mano.

miércoles, 22 de octubre de 2008

No soy la voz en off que todos oyen

No me preguntes qué me pasa
de cualquier forma no lo hiciste antes
es sólo que esta noche
me da por sentir errantes
el alma, la sangre, la saliva ahora envenenada.

No soy la voz en off que todos oyen
y que afirman no escuchan
no soy el aire sucio
que exhalas cuando ríes
ni soy el holograma
de unos viles artilugios.

Mañana será otro día
uno algo aciago y lento
mañana juro no ver las noticias
no seré yo quien abra las puertas
a la era del servilismo
que contra suya los hombres del ayer
emprendieron el vuelo
y que hoy los ojos miran
tan sólo en los libros de textos.

Y que invadan las estrellas artificiales
los supermercados y los rascacielos:
mis manos no abrirán mis ojos
ni las puertas a los filisteos;
yo no estoy aquí en este sueño
el mío se llama distinto
el mío se alimenta de axiologías anticuadas
que rinden honor al respeto
y le mandan laureles a un término guarecido
por estar en vías de extinción...
a ése que a tantos asusta
y a otros nos guarda en el silencio:
el Derecho.

Movimientos de traslación

Voy a cantarte una canción
en bicicleta
-aunque nunca haya aprendido a andar en ella-
-aunque me quede sin los dientes de a de veras-:

Ya verás cómo
lo negro se disuelve en índigo
y de índigo se hace púrpura
y llega a malva con dulzura
para bañarte como entre pétalos de rosas
para peinarte la vida
como cuando las horas
tenían cara de chuparrosas.

Voy a deslizarme entre tus costillas
te estrujaré los pesares
y me los llevaré en una bolsa
donde el otrora mar de estas dunas norteñas
se alejen como el eco
de las aves que escuchaste en las primaveras
de un lugar al sur de los sueños
y muy cerca
de la vida en este planeta.

Voy a hacer cajeta con lo que salga de tus ojos:
la soledad no es cierta
si tres angelitos
hacen movimientos de traslación
cuando abres el cerrojo de la imaginación.

Hoy las hadas vienen a por nos
déjalas vivir un rato
déjalas transformarnos este mundo ingrato.


martes, 21 de octubre de 2008

De los besos

No se pide permiso
para sentir lo que ni pedido sería regalado
por eso los humanos insistimos
en eternizar los besos robados.

Les echamos buena vibra
y cruzamos los dedos
mientras las almas entrelazamos:
el que diga que besar es pura saliva
que se vaya a un mundo más indicado.

Sin los besos el yo no existiría
pues en el otro encuentra su alegría
que aunque es efímera por mayoría
se quedan en el siempre
en el apartado de la memoria
que se llama
cosas agradables de esta vida.