martes, 1 de diciembre de 2009

El nuevo dios

Me gusta ser diciembre en la nevera de este cuarto
así me mantengo joven
o al menos creo que recobro la adolescencia
que nunca fui por miedo a no sé qué.

Los cassettes ya no funcionan
las marcas de moda ni siquiera confeccionan mis ropas:
todo le pertenece al niño que es mi alumno
(y es el que me paga mis pesos cada martes
para hablarle de una sociedad en vías de extinción
-y eso qué-)...

Tampoco pongo luces,
se fueron todas por la coladera,
junto con el gorrito de la fiesta que no vimos juntos,
esa que era de nuestros niños que matamos porque nunca hubo cópula
y toda esta parafernalia que ahora detesto
porque soy más libro que mujer.

Y así estoy bien, pensándolo muy profundamente
y sin remordimiento alguno...

Fírmame al calce de este poema
y seremos libres los todos de los otros
y tal vez,
sí,
mi beso se comparta contigo
en el nuevo dios que llevo dentro.

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