domingo, 2 de noviembre de 2014

Mi piel cada vez más blanca
atrapando el verde solariego
bajo mis ojos.

Mientras más me alejo de la infancia
más lo encuentro en mis rasgos
mi cara alargada sin buscar un grito
soy una especie de observadora
que en vez de llorar el mundo
le canta o acaricia dos veces al día
con los dedos
los largos dedos
que luego escriben amor, paraíso
lengua de fruta
unión de cielo y tierra

para después mojarse entre trapos sucios
que convierten en ropa.

Abrigo de quien se acerca
silencio para el que lo pide
juicio de ojos y manos
y pies y caderas
que dialoga con el mundo.

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