miércoles, 8 de septiembre de 2010

Haikú de medianoche

Yo no quiero ser un haikú de medianoche
ni la medianoche misma, siquiera.

Poesía de largo aliento,
novela de trescientas páginas en tu buró,
tampoco.

Soy franca y no muy perifrástica:
me acomoda más el estatus de mujer viva,
rosa ígnea,
rudeza escrita para saber morir de pie.

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