miércoles, 15 de enero de 2014

Yo no te venero como a un dios de alabastro.

Yo venero tu claroscuro
tu piel de hombre peleando con amor la vida.
Venero tus rasgos tus huellas
tu semen tu saliva
esa lengua por donde brotan
el centro del volcán y el árbol del paraíso.

Yo venero tus ojos cansados
y los que me miran al vaivén de los cuerpos.

Venero tus manos
silenciadoras de mis angustias
proclamadoras del aullido de mi falda
escribanas de las nubes
cultivadoras de flores a pesar de la oficina.


Yo no creo en los dioses de alabastro.
Creo en el supremo
que me envía una parte de sí en ti
cada vez que imagino y puedo ver
tu perfil recibiendo la luz de la mañana.

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