martes, 15 de febrero de 2011

Quisiera escribir cosas lindas más seguido:

Una estrella que puebla de luz un resquicio;
el mapa hallado de un hombre perdido;
Mil caras como una sola volviéndose dueñas de sí;
una oda al Sol por su perseverancia
ante el congestionamiento de los días-mono torpes.

Es imposible hacerlo entre esta horda de orangutanes.

Me imposibilita la asfixia de ciertos nombres.
Y esta fecha con olor a huevo podrido
[siempre la sentaron en la fila que estaba justo
en la alcantarilla;
desde ahí veía con catalejos el mundo]
me saca de la órbita
que marca mi risible intento de resistencia.

También quisiera ser más estúpida
más inmune a las muestras de cariño prosaico.
En verdad no necesito
que adulen mis redondeces.

Tengo al espejo.

Dejé de necesitar ser reconocida como un objeto
incendiario del corazón más primitivo
el primer día que no concebí la luz
sin el conocimiento a mi costado.

QUISIERA ESCRIBIR COSAS LINDAS MÁS SEGUIDO:

Por poner un ejemplo,
Cantar que no fui yo
la que, iracunda, rompió con el vínculo
entre la gran estrella y mi humanidad pequeña.

Es imposible hacerlo hecha llanto
mar adentro de los orangutanes.

Me atan ciertas normas inaudibles
pequeñas y falibles,
de caducidad próxima.
Impresión, Deuda, Adulación, Zoon Politikon.
Nada de eso me conducirá a la Verdad.

También voy al cine sola
a pesar de la caridad de los ojos de los otros.

No la necesito.

Lástima es lo que uno debiera sentir
por tanto y tanto hedonismo en charcos de sangre
y tantos y tantos chips borrando nuestra inmemorial voz colectiva.
Compasión es lo que merecen
los incautos con sus neuronas tendidas
bocarriba, en la tundra de lo ignoto.

Quisiera escribir algo más lindo.
Lo digo en serio.

La fecha de mi muerte segura,
el día que nací cuando unos pocos me esperaban.
O aquel otro en que yo latí por única vez
al unísono del útero del universo
y me sentí inconmensurablemente viva.

Es imposible hacerlo
bajo la lluvia de los orangutanes.

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