domingo, 1 de julio de 2012

La Torre

Elegiste la mano que te envuelve
cuando el frío.
Siempre ha sido tuya,
no hubo elección en realidad.
Tu inercia acabó con mi estructura:

Hay una torre dentro de mí
cayéndose.

Si te digo la nada
si elijo querer y nombrar
al amor de otra manera
es que fincando estoy mi venganza
al destino: me giró el rostro y te vi;
recorriste mi alma
y recordé el origen:
éramos una sóla melodía.

Ahora tú eres mis manos
yo sólamente
el tren del desierto
que atraviesa tu espalda
y te llena de ternura el silencio.

Quiero dejar de ser tu tren
quiero convertirme en una estación
para ahí esperarte
para pedirle la absolución al Altísimo
para poder ahogarme en el océano de tus ojos
para llorar esta vez sobre tu espalda
el agua divina del paraíso.

Alcánzame la gloria cuando yo me vaya,
guárdate estos besos
para el viaje.

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