Ábrete, cielo, axila
gruta de donde mana la quintaesencia
háblame, golondrina,
razón de la virtud en mi seno
en este siglo.
Acógeme y luego cántame
las nanas que perdí desde muy niña;
acaríciame el pubis y luego adéntrate
méceme en tu centro de lumbre y miel
reinvéntame una y otra vez hasta alcanzar
la gracia plena de quienes usan la voz para el amor
y la palabra para su testimonio.
Ábreme a este miércoles, Amor mío
retírame el espanto.
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