Mi bendición es tu piel erizada
este nido de poros que hago
para albegar la turgencia de tu dermis.
Mi bendición son tus dedos cantándome
nuevos mapas
victorias tuyas
nuevos países conquistados
con el paso tuyo.
Y un día de nuevo habrás de escribirme, sereno
la oración de mis pechos
y mi herida toda:
tus ojos, niño
tus labios, monarca.
Tu corazón que se parte en mil
como cada hombre que te habita y es mío
cuando me tocas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
¡Haz ruido y escríbeme algo! No pasa que tu sonido no se armonice con el mío.