Gracias, Señor, porque aunque a veces caigo, siempre me das tu fuerza para levantarme. Y entonces le digo a mi hombre poesía. Y entonces le digo que lo esperaré a que cante más fuerte, o viaje como paloma hasta mí, para decirle AMOR. Y entonces comprendo que el tiempo y la distancia no rompen la armonía de lo que siento por él, ni de la vibración que él me da al despertar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
¡Haz ruido y escríbeme algo! No pasa que tu sonido no se armonice con el mío.