En la urna de Keats
donde se pararon los griegos
y la luna
vengo a prescindir de ese aire
y me unto de ti
en la hora infinita de tus pestañas
habitada por el recuento de los ángeles
que anuncian, que guían
al cuerpo y la piel
al éxtasis de la Inocencia.
En las horas de Marías
me poso
y te veo a ti, gorrión
y un algo así por mi carne
resuena en respuesta a tu alma.
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