Unes tus palmas a mi pecho
flamígeras, me das un latido indiscreto
de zafiros orbitando nuevas olas.
Dos corazones crean la verdadera religión.
Mi religión es nuestro amor
y el éxtasis es tocarnos
con la lengua etérea y la que vive
en la humedad de la materia.
Mientas que mi boca se atraganta de luz
mis ojos transitan la campiña de la fe.
Canto,
alabo,
tiento
las horas del aire inscritas en mi país negro
un tumulto de gigantes acariciando mi alegría.
Creer es crear.
Amar es agradecer esta vida.
Mirándote a los ojos, oliendo tu carne
besando tu alma
llego aquí
y tiemblo.
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