Siempre vuelves
tu sándalo
que me aleja
de mi infeliz intención
de incinerar
a punta de verso amargo
mi poesía.
Siempre vuelves
el ámbar bajo el brazo
o corriendo
como iguana en el restaurante
al que no voy
porque es nuestro sitio.
Tenía que estar cerca
de la antigua estación,
a mí me sabe algo el páramo
y es que yo nací para esperar
incluyendo tu beso perenne.
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