No tenemos dinero
tampoco tenemos vergüenza.
Afuera, las hojas crujen
y emiten precios
al portador bajo las suelas.
Yo que sólo tengo amor
te regalo una alcancía húmeda
y el resto de mis noches
al pie de tu mirada.
Tú que sólo tienes amor
me entregas poesía
y dos o tres avistamientos
de un sólo ser
llamado amantes.
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