A mí también llegan
saudades
a eso de las tres o cuatro
cuando la canción
deja de sonar
y me encuentro más sola
que la corteza
de nuestro eucalipto.
A veces quisiera odiarte
por lejano y uno,
porque sabes volar
como yo lo hice
en dirección a ti.
Pero esto es el libre albedrío
y los vuelos no se escogen,
se ama sin medida
y se vuela igual a ese corazón.
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