Un piano a mitad del parque
tocaba la melodía violeta
de la funámbula flor
que me develó la vida.
Ah, sí, cuentan los santos
que desde el día que cantaste
la sonata de amor a mi alma
las nubes desde tu cerro son más claras
y las flores crecen en paraísos escondidos
revelados por ti, para mí
la mujer que tanto te ama.
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