Por el ancho mar de la ciudad,
caldo de claxons y asfalto libre de tolerancia,
emergen los otros colores.
Son todos tuyos, Amor.
Provienen de ti y de tu proverbial mirada
tus manos salvaguardadas
de pirañas y rutina
y otros monstruos del trabajo.
Y también son las cuentas
de este sol prismático
su cadencia caleidoscópica a merced
de los peces en tierra
que aún creen en el beso total,
como nosotros.
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