Beso la luz transformada en tu cuerpo
su espeso y dulce volar de pájaros apareándose
bajo la dermis que a tu osamenta le canta.
Beso cuneiforme de piedra saturnina y espacio oval
por donde pierdo mi vida y la recuerdo,
un lumen transido de rituales risueños
evocando la risa niña de tu boca.
Beso la flor de paraíso interminable
y su playa intermitente y su bosque tupido.
Beso las civilizaciones antiguas contenidas
en un cuarto de aceite de amor tuyo fluyendo
en vital explosión amante.
Beso de cuna y de buenas noches,
de morada abierta a los amaneceres pardos de deseo y ternura.
Beso de lunes repetido hasta ser viernes o jueves o quince.
Besopotamia.
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