Aquí estoy, dijiste
y deseo que siempre así permanezcas.
Me esmeraré en amarte
lejana del miedo y confiada.
Me empeñaré en protegerte
aunque no siempre sea capaz de conseguirlo.
Procuraré venerarte
tal y como le dije a Dios que lo haría
tan pronto llegases a tocar mi puerta.
Miraré tus ojos desde esta orilla
para que vengas por mí
y me lleves a bailar la vida contigo.
La tarde promete ser larga
yo, tu guerrera
aquí estoy
tan humana como he podido
siempre llena de un amor
que aún no sé explicarme
y es enteramente tuyo.
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