Cuéntame, niño no la sombra
el maizal de las hijas del sol
bailando como la primavera.
Cuéntame, hombre los rituales de un código postal
situado en el clítoris
a la espera de tu húmeda misiva.
Cuéntame, amigo los países
rescatados de la efervescencia del instante.
Cuéntame, señor y dios los planetas
su celeste canto
su forma de nudo de luz en la garganta universal
de una mujer enamorada
como yo.
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