Vertedero.
La mesa está servida.
Llegarán los nombres
sus polutas servilletas
la virulenta paz de la grasa
la esperanza en las migajas.
Huelo al verano
son lienzos blancos estirándose
en el tendedero, las alas
de mis congéneres.
Ya todo es un tren viajando
arteria arriba
la arritmia buscando el mar
o el orgasmo.
Ya la vida es esta sinfonía
en la que coexiste la tristeza y la paz
y al final el desencanto.
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