Aerostático martes
prologado por el perfume del pueblo.
Mis lentes violetas.
Déjame aquí, en la estación esperanza.
Derramaré la leche destinada a tus hijos
en las bocas de quienes no conocieron
nuestro amor
porque andan ciegos de luz.
Doce años y ni un rastro de justicia.
Doce años y el oro de nuestra canción
se confunde con la virtud de agosto:
nacen los días como el relámpago
y se desbaratan como el crepitar del fuego
que jamás hubimos de ser
porque era demasiado amor entre ambos.
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