Envíame otro millón de besos
para que nunca se extinga
la pintura de tu rubí diluido
con el que pintaste dulzura en este desierto
ahora tan lleno de nada,
ahora tan lumínico por tener hambre de tu fuego.
Oro soy si tú vuelves tu mirada,
oro cada noche para reconocerme en ti
un instante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
¡Haz ruido y escríbeme algo! No pasa que tu sonido no se armonice con el mío.