Si me lo preguntas,
yo también siento el cansancio.
En el volante, los libros obligados,
la casa que nunca para,
las listas calificables,
los muros desnudos ocupando un pupitre,
ese poema que jamás llega,
el icú en descendencia -no más pensar por hoy-
estos cuentos que me asustan.
Se fuga el valor.
Imposible acariciar con mis actos
la fragilidad de la lluvia:
Hace demasiado ruido.
Sale desde dentro de mi cuerpo.
Música no, fluidos.
No he aprendido aún el valor del silencio.
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