Globos metálicos no,
corazones de niños que van muriendo la inocencia
en la plaza de la ciudad desierta
donde el maíz se largó
dejando cactáceas y piedras.
Puse mi carrito de madera
frente a sus bibes de cristal abandonados.
El viento es testigo
de cómo me voy alejando, prendada de ella.
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