El día que nos conocimos
renunciamos a soñarnos.
No hay paraíso más allá de tus pestañas,
dijiste,
y la teoría del vivir aquí
se desnudó conmigo.
Suena el reloj de las cinco.
A esta hora, la puta descansa en la sombra
la plaza es su amiga
y de latir algo más que los labios
se da permiso.
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