Alma mía sonora,
que tus uñas arranquen mi piel
de nuevo,
con una fabricada aurora,
o que el amante silencio
provoque mi llanto violáceo
sobre tu tálamo de amarylis
que fue dado, a placer,
en la continuidad de un sábado de septiembre
ahora vuelto infinito
dentro de mí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
¡Haz ruido y escríbeme algo! No pasa que tu sonido no se armonice con el mío.